José Sancho se empeñó en una idea y, como es su costumbre, no cesó hasta convertirla en realidad: donar las 25 esculturas que, a través de un cuarto de siglo, ha acumulado en su jardín.
La sola mención de su intención parecía inverosímil. Allí, en su verde jardín de árboles y caminitos blancos, tiene esculturas de mediano y gran formato de granito, mármol y chatarra de gran valor.
No obstante, el Museo de Arte Costarricense (MAC) y el Ministerio de Cultura le tomaron la palabra y ayer dieron a conocer un acuerdo firmado por el museo y el escultor en el cual la institución acepta la donación y se compromete a crear un espacio al aire libre para exhibirlas y protegerlas.
Sancho está entusiasmadísimo; por fin, esas esculturas podrán ser vistas por una gran cantidad de gente. En su residencia en Escazú, solo unos pocos favorecidos las aprecian.
"Es justo que esto quede para los costarricenses. Costa Rica me ha dado mi patria y yo tengo que retribuirle eso de alguna forma", expresó, mientras miraba sus esculturas con gran cariño.
Según Amalia Chaverri, directora del MAC, esta donación escultórica es el segundo hito en la historia de la institución, pues en 1997 la viuda de Juan Manuel Sánchez le dio toda la obra y la colección personal de su fallecido esposo.
José Sancho, quien nació en Puntarenas y tiene 64 años, es un escultor muy activo que posee varias obras públicas, entre ellas Cardumen, que se encuentra cerca de la rotonda de La Gallito, y Epítome de vuelo, en la Plaza de la Libertad del Tribunal Supremo de Elecciones.
¿Qué pasará con las obras?
Astrid Fischel, ministra de Cultura, expresó que gracias a que se pudo excluir al MAC de las instalaciones del parque metropolitano La Sabana (pertenece al Instituto Costarricense del Deporte) y se definió un espacio para los jardines del museo se podrá emprender un proyecto especial para darle cabida a la obra de Sancho.
"Se construirá un jardín de esculturas que permita mostrar y resguardarlas. Ese espacio contará con un anfiteatro y un lugar para una eventual ampliación del MAC", explicó la ministra.
Ese jardín de esculturas es diseñado por Ligia Kopper, arquitecta y exdirectora del MAC.
Se pretende que en él, los visitantes puedan tocar y aprender de los diferentes tipos de talla que realizó Sancho.
"Ese era un espacio atacado en la noche por el vandalismo, ahora, dentro de poco tiempo, la cultura, la juventud y el deporte se podrán reunir aquí", afirmó Fischel.
Kopper explicó que el jardín estará rodeado de una verja de material transparente que protegerá la obra donada y permitirá que los trabajos se vean desde cualquier punto e inviten a los visitantes de La Sabana a entrar.
"Va a ser una maravilla, la idea es que deportistas, jóvenes, niños, adultos... se enamoren de la idea", manifestó.
Además, ese espacio de más de 2.000 metros cuadrados podrá albergar esculturas de otros artistas que donen o presten sus trabajos.
Mantener el acceso continuo al público en el horario del museo, asegurar la obra, dedicar ese espacio a la exhibición de las esculturas de Sancho y otros artistas, y ofrecer de forma continua visitas guiadas, son los requisitos que estableció el donador y que el MAC aceptó.
Sus estilizaciones
Según comentó Sancho, esas esculturas nunca han estado en venta y tienen un valor aproximado de ¢100 millones. Él dará como plazo un año para que el sitio de exhibición de la obras esté acondicionado.
La mayoría de las esculturas donadas son zoomorfas, es decir, remiten a figuras animales; no obstante, no son nada realistas.
"Todas son una estilización, una abstracción de la fauna nacional y universal. Solo hay dos antropomorfas (es decir, figuras humanas) que son Leda y el cisne y Tótem", comentó el artista.
Emocionado, Sancho comentó que él donó su obra en vida porque desea ver el jardín de esculturas con sus propios ojos.
En su austera casa de Escazú comentó que siente una fascinación por los animales pues hay gestos, actitudes y conductas que el hombre ha perdido. "Por ejemplo, ellos no hacen guerra ni contaminan ni matan sin razón. Además, no poseen avaricia ni cometen cada pecado capital", criticó el artista.
Para él, la mujer es la que salva la humanidad y, por eso, los torsos femeninos son una constante en su obra.
Sancho trabaja tan activo como siempre y se regocija de ser un eremita, que vive de forma austera y disfruta de su arte.
Actualmente crea unos conjuntos escultóricos con canto rodado (es decir, las piedras que ruedan por los ríos). Además, no abandona de ninguna forma la temática animal y esculpe en madera osos perezosos y animales poco conocidos de la fauna nacional.
Fuerte y apasionado, Sancho está más feliz que nunca. Después de que, dentro de algunos meses, se lleven las esculturas, se ocupará de llenar los espacios vacíos con nuevas esculturas. De eso, nadie tiene duda.
Las esculturas donadas
Están hechas con variados materiales traídos de Italia, África, Portugal, Bélgica y Costa Rica. Estas son las obras donadas por José Sancho al Museo de Arte Costarricense:
1 Rebaño (conjunto de seis piezas), mármol negro.
2 Canto, hierro soldado.
3 Pelícano, hierro soldado.
4 Tortuga, hierro soldado.
5 Elefantito, hierro soldado y acero inoxidable.
6 Pez, hierro soldado.
7 Hachas, granito negro.
8 Gran sierpe, granito negro.
9 Pareja, granito negro.
10 Reptil, granito negro.
11 Leda y el cisne, granito de Escazú.
12 Cabeza, hierro soldado.
13 Pisciaves, bronce.
14 Enjambre, hierro soldado.
15 Tropel, mármol rojo de Verona.
16 Osos amorosos, mármol blanco.
17 Zapapicos, hierro soldado.
18 Tótem, hierro soldado.
19 Trompa y trompita, granito.
20 Osezno, mármol blanco.
21 Cóndor, hierro soldado.
22 Familia, mármol rosado.
23 Redención, mármol negro.
24 Desarrollo, acero inoxidable.
25Elefantes, mármol negro.