Estamos a 1.654 kilómetros de la capital Buenos Aires, en una población noble y pacífica, fronteriza con Bolivia y Chile, completamente al norte del territorio argentino.
Es San Salvador de Jujuy, capital de la provincia de Jujuy, a la que se le llama Tacita de Plata o la Tacita de América , pues en el pasado fue famosa por la explotación de oro, plata y cobre, que descuidó y ahora quiere retomar.
La impresión inicial de que la ciudad no guardaba las características para ser sede de una Copa América la fui cambiando en los días posteriores.
Pese a algunos pequeños baches tecnológicos (a cada rato se corta la conexión de Internet), han demostrado una aceptable organización y operativos de seguridad.
“Somos una población amable y tranquila, que no hace muchos problemas”, nos dijo una señora que prefirió no ser identificada mientras descansaba en una banca del parque, situado frente a la Casa de Gobierno, la Catedral y la Basílica de San Francisco.
Este servidor confirmó la nobleza y solidaridad de sus habitantes el jueves. Estaba en el Centro de Prensa e iba a paso de tortuga con mis notas, pues apagaron la calefacción y mis manos estaban entumecidas por el frío de congelador que había. Se acercó un policía federal y me prestó su saco de dormir para calentarme y poder seguir con los escritos.
Cuando recorríamos la ciudad jujeña, nos llamó la atención que no había señales de tránsito en las esquinas, como las conocemos, y que hay que jugársela como un vikingo para avanzar. Algo extraño, que confunde a los turistas.
Y otra, las manifestaciones de protesta que hay todos los días contra el gobernador y el Estado.
Aquí la vida está dura, hay mucho desempleo y son evidentes las desigualdades sociales. Se reclama por trabajo, mejoras salariales, planes de desarrollo y arreglos a escuelas y colegios.
Al pasar cerca de los puentes hay un letrero en un camión que dice: “Pescado para todos”. Al indagar, nos dicen que es comunitario, que se ofrece fresco y más barato que en los supermercados.
Las bellezas naturales saltan a la vista, con lindas panorámicas al Valle de Jujuy, la Precordillera de los Andes y la famosa Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio de la Humanidad.
Su estadio, el 23 de Agosto, es acogedor y cómodo para 24.000 personas, gracias a las remodelaciones a que fue sometido. Nos dicen que antes era pequeño y modesto; hoy es orgullo del jujeño.
Nos dicen que la ciudad trata de recuperarse en el tema del turismo, luego de que Salta, prácticamente, se “apropió” de las atracciones de Jujuy como suyas.
Esto es lo que hemos visto. Nos quedaremos aquí hasta el viernes. Esperamos conocerla más.