A LOS PATINES DEBERÍA darles vergüenza aportar solo beneficios pero no, no les da. El patinaje recreativo -para hablar con humildad amateur- es tan seguro como dormir acostado, tan emocionante como enamorarse por primera vez y tan saludable como comerse un yogur.
Los 500 pares de patines de la Sala de Patines Internacional saben a qué me refiero, aunque lo saben mejor durante los fines de semana, que es cuando más visitantes -especialmente jóvenes- se acercan a las calles traseras del Mall Internacional, en Alajuela, y se escabullen en las instalaciones del nuevo salón de patines.
Con casi dos meses de estar abierta, esta sala es lo más parecido a un gimnasio maquillado de discotheque: en su enormidad, las luces caen desde lo alto, iluminando la travesía de los que ruedan bajo los efectos de la música, porque ningún otro efecto es permitido, mucho menos el del alcohol.
Los patinadores barren la pista con exceso de vitalidad, siempre en el sentido de las agujas del reloj, y no es que bailen, sino que la música los empuja. El movimiento constante de los patinadores, que podría resultar repetitivo y circular para un observador ocioso es, más bien, la gota gorda que colma el vaso de los "fiebres". Basta acercarse un poco para ver cómo a la segunda vuelta ya están sudando.
Una vez adentro, el tiempo no se detiene. En el salón, el primer paso se da con patines, de lo contrario, se desperdiciarían valiosos segundos de la tanda, cuyas tres horas apenas alcanzan para saciar la codicia de rodar y seguir rodando.
En claro español, la pista mide aproximadamente 500 m2, es decir, un montón. Sus propietarios afirman que está en capacidad de albergar a 700 personas, cifra que podría triplicarse al contacto con la pista y en virtud de los efectos visuales.
Además de servicios como soda, tienda y baños, el salón cuenta con una considerable gradería para patinadores, ubicada en la pared del fondo, donde estos pueden ponerse a salvo del peligroso cansancio, sin necesidad de tirar la toalla.
Para ser sinceros, los observadores (como papás, mamás y demás abuelas) no tienen grandes ventajas comparativas a la hora de ejercer su papel y para ellos apenas hay unas bancas sin glamour. ¿Por qué? Para Carlos Rojas, propietario de la sala y con 22 años en el mundo del patinaje, la idea es motivar a todos los visitantes a divertirse practicando este deporte, sin importar su edad ni condición ni falta de condición.
Estar en línea
Aunque para algunos patinar no es un medio sino un miedo de transporte, algunas cosas han cambiado desde que se inventó la rueda hasta hoy, hace casi 5000 años, entre ellas, la fisonomía del mismísimo patín.
A juicio de Carlos Rojas, quien es experto en equipo de hockey (especialmente en venderlo), los patines tradicionales, de cuatro ruedas, han perdido terreno frente a su más rudo competidor: el patín de línea. La liviandad de este frente a aquel, así como su mayor velocidad y estabilidad, son algunas de las razones que justifican el reemplazo.
"Se ha demostrado científicamente que el patín de línea es más seguro para los niños y principiantes y actualmente es el más buscado", afirma, con la voz de la experiencia.
Estas modificaciones tecnológicas solo han resguardado la conservación de la especie pues, al haber menos accidentes y más dientes, todo el mundo reproduce más a menudo el hábito de patinar.
En este sentido, y por si las moscas, el salón trabaja con una póliza de responsabilidad civil, del Instituto Nacional de Seguros, en caso de que la suerte ande de malas. De todos modos, el reglamento del salón es muy estricto, especialmente en lo que se refiere a la seguridad de los visitantes.
En el Internacional también pueden conseguirse los cuatro tipos básicos de patines, a saber, el tradicional especial, utilizado para correr; el tradicional corriente; el de línea de 5 ruedas, para velocidad, y el de línea de 4, para patinaje recreativo. Hasta los más patones pueden ir tranquilos, pues tienen números desde el 28 al 46.
Si una persona nunca se ha puesto un patín pero de verdad quiere aprender, en este salón no le dan más de una tanda para obtener lo básico que es, básicamente, la retirada del miedo y la toma de confianza. El único consuelo es que, incluso si se caen al suelo, de ahí no pasan.