El ritmo de DLG (Dark Latin Groove) arrasó el fin de semana en los tres conciertos que ofreció, uno en el complejo turístico Picacho's y dos en el bar restaurante Coyote, en el Mall San Pedro.
El viernes por la noche, Cartago se vistió de fiesta. Picacho's estaba a reventar. En el parqueo del lugar, no cabía un auto más y los 400 metros cercanos a ese lugar sirvieron de estacionamiento improvisado.
DLG no apareció hasta las 11:30 p. m. pues se retrasaron cambiándole una llanta al carro y recogiendo los instrumentos de los 12 músicos que los acompañaban.
Las 6.800 personas que llegaron a Picacho's disfrutaron del ritmo y sabor que imprime en cada presentación el grupo musical Marfil, esto a partir de la 9:30 p. m. y por un poco más de una hora.
No obstante, esa alegría se vio opacada por el aburrimiento de esperar más de 50 minutos a que la agrupación internacional entrara en escena.
Cuando por fin DLG hizo vibrar la noche, el público explotó en un coro de gritos y aplausos que no pararon durante la primera canción.
Huey Dumbar (esta vez con el cabello azul oscuro), James de Jesús y Wilfrido Crispín (integrantes de DLG) cantaron, bailaron y manejaron a los espectadores a su antojo.
La quiero a morir despertó furor entre los asistentes, quienes la interpretaron de principio a fin.
Otras de las tonadas que pusieron a bailar a los miles de espectadores fue Juliana, No morirás y Todo mi corazón.
La inigualable voz de Huey Dumbar en salsa se combinó con el rap y el reggae que interpretaron Wilfrido Crispín y James de Jesús. Aunque cada uno se especializaba en un ritmo, los tres cantaban en cada pieza.
El movimiento de la mano palma arriba se constituyó en el símbolo de la noche y era realizado por los espectadores para apoyar las mejores canciones.
La soledad y Es una promesa fueron otros de los temas que invitaron a bailar a los presentes y a brincar hasta el cansancio.
Los encargados de su seguridad solo admitieron a cuatro jovencitas que abrazaron a cada uno de los muchachos de DLG, cantaron con ellos y lloraron de emoción.
Al final, los fanáticos hicieron vibrar el lugar con el canto tradicional de: "¡Otra, otra!", DLG volvió y cantó otra vez su gran éxito: La quiero a morir.
Calor y ritmo
El sábado y el domingo pasado, el bar y restaurante Coyote se inundó de jóvenes mayores de edad que querían unirse al ritmo latino que irradia DLG.
Pasadas las 9:30 p. m., Marfil animó al público con sus pegajosas canciones, pero esta vez acortó su repertorio y solo tocó unos 45 minutos.
Después de acomodar los instrumentos para la banda que acompañaba al trío de cantantes, DLG entró dando saltos al escenario con La quiero a morir como primera impresión para los espectadores.
Un "¡Coooosta Riiiiiicaaa!" fue el grito de los tres latinos para saludar a un público fascinado y que aplaudía frenéticamente.
La pausa sirvió para que Rafa Rojas, de Sony Music, le entregara un disco de oro por las ventas que han hecho en Centroamérica. Los gritos, silbidos y "¡eeeeeh!" celebraron la entrega.
Un mix de reggae con canciones conocidas para los jóvenes hizo las delicias de los asistentes, quienes solo lamentaron que fueran pequeños trozos y no los temas completos.
De nuevo No morirás y La soledad, entre otras tonadas, pusieron a bailar a las 1.000 personas que visitaron el establecimiento pues Coyote no tenía capacidad para más espectadores.
Ni el calor, que hasta hacía sudar a las paredes, pudo impedir que los asistentes y los protagonistas siguieran con el baile y la gozadera.
El domingo, la historia se volvió a repetir: Coyote a reventar, el calor -otra vez- como invitado y 1.000 personas coreando a DLG, que hizo su show con gran energía y amor, al igual que el primer día.
Ante el éxito de DLG en Costa Rica y los reclamos de colegiales porque no podían entrar a Coyote, pues vendían licor, Teodoro Symes -organizador de los tres conciertos- comentó a La Nación que existía la posibilidad de que el conjunto regrese al país a mediados de julio para llevar a cabo un concierto masivo, al cual sí podrán asistir los menores de edad.