No es ni una cara nueva ni una voz desconocida, pero siempre hay algo sorprendente que decir acerca de quien da vida a temas como El pirata cojo, Y nos dieron las diez y Mentiras piadosas.
El intérprete español Joaquín Sabina, quien acaba de cumplir 48 años, viene a Costa Rica tras la gestión de la emisora 94,7. Las entradas se consiguen en esa estación (teléfono 231-04-55).
Sabina es igual de interesante en sus pláticas que en sus canciones. Una prueba de ello son sus ingeniosas respuestas a una entrevista que concedió a Viva por vía teléfonica desde su casa en Madrid.
-Entre los temas que compone, ¿cuáles van a dar al corazón de la gente y cuáles al basurero?
-Es un proceso de selección muy extraño. Son las canciones mismas las que al cabo de un tiempo van incluyéndose en un disco o siguiendo el camino del cesto de la basura. El parámetro es este: si no me emocionan a mí, no van a emocionar a nadie, así que no sirven; pero si tienen esa gotita de magia que se llama inspiración, entonces van a dar a un disco. Claro, a veces me equivoco y recupero una melodía que había desechado dos años atrás.
-¿Quién es su público perfecto y ante quiénes no cantaría?
-Mi público perfecto es el que escucha mis canciones no una vez, sino tres o cuatro; el que no cree que ese rato es una pérdida de tiempo y el que no tiene demasiada prisa. No cantaría ante quien crea que mis temas son para usar y tirar.
-Si algún día se cansa del trajín nocturno y de la vida en los bares, ¿acabaría su material como compositor?
-Es verdad que vivo de noche, pero no me la paso solo en los bares: a veces me tengo que quedar en casa trabajando. Vivir de noche es una opción. A veces resulta más tranquilo que trabajar de día. Es cierto que me gusta estar en la calle, vivir lo que canto y escribirlo, pero mi último disco (Yo, mi, me, contigo) dice más de la vida interior que de la exterior. Habla de las calles y los bares que lleva uno por dentro.
-¿Cómo son sus días, de día (porque de noche ya tenemos referencias)?
-De día duermo porque de noche trabajo y vivo. Simplemente tengo los horarios cambiados. Hoy, por ejemplo, me acosté al medio día luego de grabar nuevo material y me levanté a las 8 p. m. para seguir adelante.
-¿Cómo hace para lidiar con la fama?
-A mí me interesan las canciones, la fama no. Me gusta que la gente respete mi vida privada. A veces es molesto estar en la calle y que la gente se acerque a pedir un autógrafo, pero esas personas no son tontas y saben que si aprecian mis canciones deben dejarme caminar tranquilo.
-¿Son sus temas más previsibles que antes?
-Al contrario. Mis canciones de ahora son mucho más arriesgadas. Tienen una aventura creativa mucho mayor. Estoy seguro de eso porque yo sé lo que me cuestan, sé cuáles son los temas que me planteo ahora, sé qué fue lo que escribí antes y sé que ahora tengo más rigor.
-¿Qué tal sería como político o como religioso?
-No sería... A los políticos los desprecio porque venden mercancía averiada de segunda mano, y no tengo mayor interés en la religión, excepto en su historia y su cultura. Antes sería atracador de bancos o algo así, pues me parece mucho más noble.
-En su nuevo espectáculo ¿Por qué regresa a la intimidad?
-Es un recorrido que procura rescatar del olvido un repertorio que me gusta mucho pero que no ha estado tan presente en la radio. Es un show humilde: yo canto sentado, no hay ni batería ni bajo. Es un modo de palabrear las canciones sin usar tanto maquillaje.