Cristo viene... Entradas en Mönpik, dice un graffiti en una de esas paredes ocultas en San José. Si por la pinta se saca el día, no me extrañaría encontrar por ahí mañana: Clinton viene... Entradas en Burger King.
La llegada del presidente Bill Clinton a Costa Rica aparenta ser mucho más que la visita oficial de un mandatario.
Veamos: 10.000 niños lo recibirán a ambos lados de las calles, dos horas de asueto para ver el desfile, una cena de "ultragala" (con todo y una mesa nueva para Mr. C. y su esposa Hillary), un menú que impresiona (novelle cuisine diría yo), 100 meseros expertos para atender las necesidades de los comensales, regalos y quién sabe cuántos detalles más que los organizadores decidieron reservarse ante las preguntas de la prensa.
Tanta algarabía del Gobierno, tanto cuido en los detalles, de repente me inclinan a hacer una macabra relación entre esta actividad y el libro de J. J. Benitez, Caballo de Troya, que en sus páginas relata la llegada de Jesús de Nazaret a Jerusalén.
Tiro la siguiente pregunta: ¿no se nos está pasando la mano con todo esto?
Estamos de acuerdo en que la gira de Clinton a nuestro país es un hecho muy importante. En esta cumbre de San José es posible que nuestro futuro económico y político sea afectado positivamente por una ayuda del Tío Sam (bueno, sí, digamos).
Pero todo este derroche para los preparativos (¡¿¢17 millones por una cena?! ¡Pagáte ese "piquillo"!) me deja con la duda de si los invitados van a decir que, en lugar de lucirnos, más bien estamos "rajando". (Ya he visto por ahí un par de cartas a la columna quejándose por la cuenta de la cena.) Yo también me sumo a la lista de quejosos.
Esta actitud de "entreguismo" no me hace sentir muy cómodo. Creo que podemos recibir a un mandatario como Clinton sin disminuir nuestra dignidad como nación.
Lo único que queda por hacer es desear entonces que de esta reunión salgan frutos provechosos. Hay mucho optimismo en los resutlados de esta cumbre (atención a los comentarios del embajador De Vos). Solo espero que después no nos dejen vestidos y alborotados.