18 enero, 2010

Roma, DPA. El cine le debe una serie de películas únicas y atrevidas. Son sólo un puñado los directores que se han podido hacer un lugar en el olimpo de los cineastas como Federico Fellini, que despuntaba no sólo por su estampa mayestática y que recibió decenas de premios por su obra.

Sus filmes La strada , Los inútiles o Satyricon son desde hace tiempo clásicos del corpulento y genial director de Rimini, que este 20 de enero habría cumplido 90 años. Fellini, convertido en un mito aún en vida, murió el 31 de octubre de 1993 en Roma. El vacío que dejó es inmenso, en su país sigue sin haber un "narrador de historias" de su calibre.

Italia echa de menos a Fellini. Su voz, crítica con la publicidad y los medios, se apagó para siempre justo cuando el magnate mediático y millonario Silvio Berlusconi empezaba su carrera política y cuando la televisión tenía ante sí innovaciones intempestivas y algunas bastante cuestionables. El "acróbata entre sueño y realidad" representa una época dorada extinguida hace mucho tiempo en el cine italiano.

Pero el maestro también causaba polémica, algo que buscaba intencionalmente. Cuando La dolce vita llegó a las salas italianas en 1930 hubo ovaciones, pero también silbidos e incluso una ristra de imprecaciones. La cinta, poblada de excesos, un liberalismo desatado y varias parodias, fue un escándalo al que siguieron varios más.

Adorado en su país como una estrella del pop, Fellini, al que taxistas y fans llamaban también de cariño "FeFe", escribió varios capítulos de la historia cinematográfica del siglo XX con películas como Amacord o Casanova . Sus 25 filmes rodados hasta 1990 dejan un montón de enigmas abiertos, ya que el "genio de Rimini" siempre se escabulló de cualquier interpretación fija.

"Creemos que vemos sólo una película pero en realidad es la historia de nuestra vida", dijo alguna vez el escritor Italo Calvino para explicar por qué la obra de cuatro décadas sigue causando fascinación. Las imágenes barrocas, las escenificaciones circenses y las secuencias de sueño mágicas continúan surtiendo efecto.

Para ello, Fellini recorrió un largo camino desde el neorrealismo italiano de un Roberto Rosellini ( Roma, ciudad abierta , 1945) hasta las "orgías" de escenas surreales, poéticas y grotescas de sus obras posteriores.

El desbordante ingenio del director rindió sus frutos. Fellini recibió el León de Oro de Honor en Venecia y el premio del cine europeo por toda su obra, antes de que le fuera concedido un Oscar honorífico que recibió de manos de Marcello Mastroianni pocos meses antes de muerte.

No era una coincidencia. El actor italiano asumió el papel del "paparazzo" inescrupuloso en la La dolce vita , así como también los roles protagónicos en Otto e mezzo de 1963 ( Fellini ocho y medio ) y Ginger y Fred , de 1986.

Ocho y medio es una "película en la película", una reflexión sobre el trabajo de la dirección cinematográfica galardonada con un Oscar, y Ginger y Fred cuenta la rutina diaria de dos bailarines en la televisión, conocidos por su pasado como dobles de los actores Ginger Rogers y Fred Astaire. Fellini escenificó en la cinta la enajenación del artista en la incipiente época de la televisión comercial, un tema más actual que nunca.

La protagonista femenina de sus filmes fue a menudo su esposa, Giulietta Masina, que dio trazos muy humanos a su representación de la pobre e inocente Gelsomina en La strada , de 1954. La película les dio a ambos fama mundial de la noche a la mañana.

Masina, por otro lado, padecía siempre con dureza las infidelidades de su esposo, quien describía "el sexo, la comida y el hacer películas" como sus pasiones. Aun así consideraba a su esposa el "hada madrina" de su vida.

Fellini, hijo de un comerciante, probó primero suerte como periodista, redactor de textos y caricaturista, más adelante empezó a trabajar como guionista. Las instalaciones pomposas y los altos costos se convirtieron en la marca del cineasta, cuyos filmes llevaban en el título a menudo su propio nombre.

El director, que adoraba la autoescenificación y que sin embargo sabía también burlarse de sí mismo, con su obra se hizo inmortal, al menos en el mundo del cine .