–¿Recuerda cuál fue su primer dibujo?
– Fue cuando empecé a caminar, mi mamá tenía una escuelita de arte y nos forraba a vuelta redonda la casa para que rayáramos las paredes con toda confianza. El día que lo hizo, ¡error!
–¿Dónde estuvo antes de pintar cuerpos?
– En la arquitectura; hice varios trabajos. Quedé en un 60% de la tesis y no la terminé por trabajar y trabajar. Empecé a pintar hace casi cinco años, trabajaba en arquitectura y, esporádicamente, hacía un trabajo de pintura. Después fue al revés y ahora estoy pintando a tiempo completo.
–¿Cuánto estudió para ser body painter?
– Para ser body painter no hay quién enseñe, hay quepulsearla y la gran mayoría de las cosas son de sentido común. Hay muchas técnicas de pintura normal, pero los cuerpos son diferentes. A uno nadie le enseña esas cosas y ahí va, poquito a poco. Es muy autodidacta, hay textos de cómo pintar caras, pero no de cómo pintar cuerpos... Si Dios quiere, voy a hacer uno, para que haya algo.
–¿Un color infaltable en su paleta?
– ¿Infaltable? El negro y el blanco, con ellos se pueden hacer muchas cosas. Pero los colores que me gustan, que quiero andar en la maleta, son el negro y el rojo.
–¿A cuál rincón no llega su pintura?
– Es que tiene que llegar a todos, porque hay eventos en los que la modelo debe moverse y no pueden verse espacios libres.
–¿Dónde guarda las hormonas cuando pinta?
– En el lado de la vida, en la maleta de la pintura. El lado de trabajo está aparte. ¿Para qué embarrialar la cancha con la que está trabajando con vos?
–Tras ver tantas mujeres desnudas, ¿cuál ha sido la más hermosa?
– Se llama María Cristina Quesada Cordero, pero esa no se ha pintado. Es mi abuelita, tiene 87 años, he tratado de pintarla en dorado, pero mejor todavía no.
–¿Y su mejor obra?
–La mejor fue la primera que hicimos. Era un uniforme de motociclista sobre el cuerpo de Adriana Zúñiga, para la marca Yamaha. Hemos tratado de hacer otra mejor, pero ¡no se puede! Ahora estamos tomando fotos bajo el agua, y qué va, no sale.
–¿Es un hombre de buenas obras?
– Sí, gracias a Dios. Las buenas obras no son las de pintura, sino las que hacemos como personas. Como dicen: “Obras son amores y no buenas razones”.
–¿Y es amigo de los“brochazos”?
– Ah no, eso sí que no. Yo no le hago la “masa aguada” a nadie. Uno es como es, pero ¿a razón de qué tengo que adular a otros? Más bien ahora estoy tratando de tener un perfil bajo, que lo que hable sea mi trabajo.
–¿Cuándo ve las cosas color de hormiga?
– Casi nunca... Tal vez solo cuando pinto muy cansado, ahí se complica porque uno trata de hacer las cosas bien y el cuerpo a veces no da...
–¿Cuál color abunda en su clóset?
– El verde claro.
–¿Estar desnudo o ‘andar chingo’?
– Ninguno de los dos; estar pintado. Desnudo es la persona que notiene nada sobre la piel. Estar desnudo es una foto artística en blanco y negro; chingo es una pasarela de ropa íntima, y mi trabajo no es ninguna de esas dos.
–¿Cuántos tatuajes tiene?
– Ninguno, y no creo que llegue a tener ninguno. No me pondría nada que no me pueda quitar.
–¿Qué pintaría en su autorretrato?
– Me he pintado unas dos mil de veces, pero si quisiera representarme a mí, me pintaría todo de amarillo o de café, sin adornos ni nada, completo de café o completo de amarillo.
–¿Tatuador o pintacaritas?
– Pintacaritas, por supuesto. El tatuador pintamaes en Harley Davidson; el pintacaritas le lleva sonrisas a los niños.
–¿Por cuál obra pagaría lo que sea?
– A mí lo que me interesa de un cuadro es su valor artístico... Creo que sería un Giger o un Dalí. Cualquiera de sus grandes pinturas, son súper interesantes.
–¿Una meta incumplida?
–Voy a buen paso con las que tengo. Aunque aún no he podido pintar gorditas, no se apuntan. Necesito una de 260 libras, eso sería un reto para pintar, pero hace falta que la gente se saque de la cabeza que solo las delgadas se pintan.