Rodrigo Arias

Exministro de la Presidencia

Rodrigo Arias Sánchez, el hombre que agitó las aguas electorales de madrugada en cuanto puso un pie fuera de Casa Presidencial, no tuvo una relación tan cercana con su hermano Óscar durante su infancia y adolescencia.

El ministro de la Presidencia de las administraciones aristas (1986-1990 y 2006-2010) vivió la mitad de su niñez en una casa diferente a la de sus padres.

Así lo relató el hombre fuerte del PLN el 17 de noviembre en la residencia de su madre, en San Francisco de Heredia, donde él nació en 1946 y hoy trabaja a tiempo completo en pos de una candidatura para el 2014.

Se trata de una elegante casa blanca que colinda con la iglesia de piedra de San Francisco, construida por la familia cafetalera de su madre, Lilliam Sánchez Cortés, a mediados del siglo XX.

“Hubo una época de mi vida, de los 7 a los 12 años, que casi pasé viviendo con mi tía abuela Finda Cortés. Su esposo había sido administrador de mi abuelo en Taboga (hacienda guanacasteca). Era una casa de clase media baja”.

En vista de que Óscar era seis años mayor, cuando Rodrigo regresó a casa, su hermano ya estaba a punto de viajar al exterior a la universidad. “Uno lo veía como un hermano mayor. Sí teníamos amigos en común, pero seis años de diferencia en esas edades es mucho”, comentó en una sala decorada con una foto en la que él aparece junto al expresidente colombiano Álvaro Uribe y otra en la que está con Pepe Figueres.

Es evidente que quiere dirigir la conversación hacia su experiencia política. Pero ante la insistencia de mis preguntas, regresa al pasado y cita a su abuelo Juan Rafael Arias Bonilla como un gran abogado, político y constituyente, compañero del expresidente herediano Alfredo González Flores.

De su padre, Juan Rafael Arias Trejos, dice que no tenía esa vocación política; se dedicó más a la abogacía y a las actividades empresariales, aunque fue presidente del Banco Central y asesor de mandatarios.

¿Le tocó coger café? “Sí”, dice el exministro, quien asegura que trabajó con pala en mano en un beneficio detrás de la casa. “Si sacaba malas notas, me mandaban a trabajar”, añade.

Admite haber sido –y ser aún– fanático del Club Sport Herediano, sobre todo del equipo de la década de los 60, que tenía a Danilo Montero, Édgar Quesada y Óscar Cuico Bejarano.

Entre sus amigos de juventud, menciona a Enrique Castillo, embajador de Costa Rica ante la OEA, y al exdiputado de izquierda Gerardo Trejos. De hecho, afirma que fue él quien le pidió a Óscar Arias colocar a Castillo en la OEA.

No tan buen abogado

¿Letras o ciencias? “Me fui por las letras debido a la tradición por el derecho”, responde. De seguido dice: “Nunca fui un buen abogado. Estuve en un bufete (Facio y Cañas), pero fui más un asesor en derecho comercial. Mi especialidad en Estados Unidos fue bolsas de valores y comercio”.

Insiste: “No me consideraba un jurista. Conocía un poco el campo del derecho comercial, pero nunca me he creído un buen abogado”. Afirma que su mayor talento está en la política: “Me siento muy cómodo en la relación humana con las personas”.

Rodrigo dice que su hermano Óscar, desde muy joven, tuvo muy claro que quería prepararse en leyes, Economía y Ciencias Políticas. “Yo no tuve esa oportunidad. Desde que me gradué de abogado, vine y estuve más con las actividades empresariales, no solo las de mis hermanos, sino con las de la familia en general”.

El encargado del dinero

Mientras Óscar Arias se dedicó de lleno a la política, Rodrigo Arias fue el encargado de manejar las empresas de la familia.

Entre ellas, están las fincas cafetaleras heredadas, muchas de las cuales fueron convertidas en proyectos urbanísticos en las últimas décadas, aunque todavía quedan algunas en San Joaquín de Flores y en Barreal. Su oficina comparte la casa de su madre con la urbanizadora La Lilliana, dedicada a desarrollar residenciales.

Además, él asumió la vigilancia del ingenio Taboga, en Cañas, Guanacaste, que produce azúcar, alcohol y electricidad. Gran parte de estas propiedades provienen de su abuelo materno, Julio Sánchez Lépiz, a quien el exministro describe como “una persona extraordinaria que hizo una fortuna con una gran intuición”.

“Llevaba café de aquí a Puntarenas en carretas por el monte del Aguacate; tuvo la visión de comprar terrenos y fincas que adquirieron gran valor”.

Sentimiento de adulto

Se sabe que, desde niño, Óscar Arias decía que quería ser presidente. ¿Tenía su hermano menor ese mismo sentimiento? “Nacimos de cosas diferentes”, dice. “Óscar tenía claro lo que quería ser y yo no. Probablemente, yo hubiese sido otra cosa. Pero la vida nos hizo estar cerca y, desde jóvenes, comenzar en política”.

El exministro recuerda que su primera experiencia política fue como regidor de Heredia, de 1974 a 1978, por consejo del exmandatario Daniel Oduber. “Luego, vinieron los años 80 y empecé a trabajar con Óscar en la secretaría del PLN y después en campaña”.

La claridad de que quería aspirar a una candidatura presidencial le sobrevino durante su segundo período como ministro de la Presidencia (2006-2010), dice. “Me sentí más cómodo y más claro de hacia dónde debía caminar el país. Pasar el TLC, la agenda de implementación, romper monopolios; eso me dio una visión muy clara”. Está convencido de que, lejos de perjudicarlo, la sombra de su hermano Óscar le ayuda.

Las ‘tortas’ de Rodrigo

Durante el 2010, el exhombre fuerte del gobierno protagonizó al menos dos hechos que levantaron roncha en la política.

El primero tuvo que ver con la visita que le hizo a la presidenta Laura Chinchilla, donde calificó como difícil el inicio de esta administración.

Dijo que haría lobby en favor del Ejecutivo e incluso añadió que veía a la Presidenta más como una compañera.

Arias dijo haber asistido a la cita en respuesta a una invitación de la Presidenta.

Luego, durante la asamblea del Partido Liberación Nacional, su presencia provocó una trifulca que rompió el quórum en momentos en que los candidatos afines a su movimiento no ganaban con claridad los puestos del directorio. Sobre ese hecho, dijo que él solo pasó a saludar a Bernal Jiménez, elegido ese día presidente del Partido, además de que él no le había dado la importancia debida a esa asamblea. “Me echaron la culpa a mí”, añade.

También es público y reconocido por él mismo, que mantiene contacto permanente con los diputados del PLN, lo que ha provocado roces internos e incomodidad con el Ejecutivo.

Rodrigo Arias reconoce que ejerce su influencia desde San Francisco de Heredia. ¿Cuáles son los diputados más cercanos a usted? Menciona a Guillermo Zúñiga, Víctor Hugo Víquez y Sianny Villalobos, pero solo por ser heredianos, pues, de lo contrario, afirma que tendría que mencionar a los 24 del PLN.

¿Les tira línea? “Trato de ayudarles en lo que pueda con proyectos de ley importantes. En algunos casos, doy mis ideas”.

Lo cierto que es que hoy Rodrigo Arias se dedica de manera permanente a estas actividades, pues organizó su vida para no tener actividades profesionales o gerenciales. “Probablemente, esta es la época de mi vida que mejor me he sentido”, dice en torno a las visitas a comunidades y dirigencias del PLN.

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