¿Qué tienen en común Barbara Bush, Jackie Onassis, Vilma Picapiedra y Coco Chanel? Pues si no lo adivinó, se lo voy a contar: las perlas. Sí, son las que han distinguido a varias mujeres famosas, y que ahora regresan como parte del glamour que trae la moda del nuevo siglo.
Aunque en realidad nunca han pasado de moda, su uso se hace más evidente durante una u otra época, pero siempre son la opción correcta en cuanto a lo que elegancia se refiere.
A diferencia de las piedras preciosas, que son minerales, extraídas de la tierra, duras y compactas como el diamante, el zafiro o la esmeralda, las perlas son frutos del mar, particularmente de un molusco llamado ostra.
Pero no crea que todas las ostras son iguales; las que son comestibles lamentablemente no producen perlas, así que jamás espere encontrar una dentro de su plato, a menos que sea un arete que perdió la cocinera.
Las ostras
Este tipo de molusco segrega en su interior una sustancia llamada nácar que le sirve para "atacar" cualquier objeto extraño desde un parásito hasta un grano de arena que llegue a habitar su concha.
Como defensa natural, la ostra comienza a cubrir con capas muy finas de nácar al objeto intruso, y al cabo de varios años éste queda convertido en un precioso objeto redondo llamado perla.
Pero su formación depende también del lugar donde se aloje el intruso. Las que tienen mayor valor casi siempre se alojan cerca del corazón o los intestinos del molusco.
El tamaño de la perla también tiene relación con la especie del molusco, y son las ostras de aguas tropicales las que producen el tamaño más grande, y su color casi siempre coincide con el tono interior de la concha del animal.
El oriente en nácar
El valor de las perlas se determina por lo que los expertos llaman "el oriente", que es el término correcto para determinar el brillo y color de la gema.
Una buena perla está compuesta de varias láminas de nácar y no es pareja en su superficie, ya que vista desde muy cerca parece que está minuciosamente martillada.
La perla debe ser casi como un espejo y reflejar todo lo que tiene a su alrededor, además de tener un brillo tornasolado, puesto que el nácar contiene finos cristales de aragonito.
Los colores y el lustre de las perlas son varios, y van desde el blanco al negro, pasando por tonalidades rosadas, naranjas y amarillentas.
La perla negra, que en realidad es un gris muy oscuro, es de las gemas más raras y valiosas.
No todas las perlas son iguales y sus formas y tamaños dan pie a nombres y clasificaciones; por ejemplo, una perla irregular se conoce como barroca, y una ovalada se llama pera.
Las perlas redondas se agrupan por tamaño, y casi todas presentan una leve irregularidad en alguno de sus lados, razón por la cual se escoge esta imperfección para taladrar allí el orificio por donde se unirán a un collar.
Una a una
En la India, donde la leyenda cuenta que las perlas son las gotas del rocío que la luna transformó en gemas, se encuentran las colecciones más fabulosas de collares, casi todas pertenecientes al Marajá de Baroda.
Para hacer un collar, se deben de agrupar perlas de idéntico tamaño y oriente y se engarzan solamente con hilo de seda, haciendo un nudo entre una perla y otra.
Existen dos tamaños clásicos de collar: el princesa, que es corto y se lleva en la base del cuello, y el reina, mucho más largo y que puede llegar a la altura de la cintura.
El peor enemigo de la perla es el perfume, que seca el nácar y termina por eliminarle parte del oriente, pues el alcohol y las resinas que componen una fragancia destruyen sus partes orgánicas.
El hombre interviene
Antes del siglo XX, todas las perlas eran extraídas de las profundidades del mar, hasta que en Japón el señor Kokichi Mikimoto inventó un método para producirlas en forma de cultivo.
Una perla cultivada difiere de una natural, por ser esta creada por el hombre al introducir adrede un objeto extraño dentro de la ostra.
El proceso no es fácil y varias ostras mueren en el experimento. Solo a las ostras mayores de tres años se les puede considerar aptas para cultivo. Después de siete años se abren para buscarles las perlas, encontrando una buena por cada veintena de ostras.
Coco Chanel fue la diseñadora que desmitificó a las perlas como símbolo de la realeza, confeccionando largos collares de muchas vueltas y accesorios con formaciones artificiales. Esta es la misma tendencia que sobrevive hasta nuestros días y que ha dado pie a los tonos más fantasiosos y extravagantes.
Las perlas de imitación se hacen bañando cuentas de vidrio o acrílico en un líquido compuesto, en su mayoría, por escamas de arenque. Este proceso recibe el nombre de "esencia de oriente" y con él se fabrican varios de los accesorios que a diferencia de las perlas de verdad, tienen un precio bastante cómodo.
Falsas, cultivadas, naturales o de imitación, las perlas son, sin duda alguna, el accesorio chic del momento. Que luzcan bien depende del traje a usar y el garbo con que se lleven. ¡Hasta la misma Jackie Onassis resulta que siempre lució un collar de perlas... falsas!
Una joya delicada
Como producto animal que son, su dureza no es la del diamante y tienden a rayarse con facilidad si no se las cuida.
El perfume destruye el nácar, así que evite perfumar su cuello cuando las use.
Debe guardarlas en un lugar aireado y usarlas siempre que se pueda.
Existen cuatro tipos de perlas: naturales, cultivadas, imitación y falsas.