Señales en el cielo, desgracias en la tierra. La noche de brujas dos estrellas se apagaron. Una en medio del estupor mundial; la otra, yerta sobre la acera, como un desecho. Federico Fellini y River Jude Phoenix murieron el mismo día: 31 de octubre de 1993. ¡El mundo es un pañuelo!
Phoenix ya había muerto una vez, a los cuatro años, cuando sus padres lo entregaron a los apetitos sexuales del mesías de
Ese año sería la segunda resurrección de Jesucristo según Brandt Berg, quien había predicho, 20 años atrás, que un cometa arrasaría Estados Unidos. Lo único que ocurrió fue la profecía autocumplida de River Phoenix: inmolarse a los 23 años.
Si el arte imita la vida, la de River fue una copia en sepia de sus películas, triste y cruel. “Sensible, metido en sí mismo, rudo, abusador, contemplativo, divertido, raro, amable, peligroso”: así lo recordó Peter Bogdanovich, quien lo dirigió en
Capaz de tomarse 47 cervezas de una sentada, Hollywood lo vendió como una promesa de la talla de James Dean pero acomodado a los nuevos tiempos: vegetariano, pacifista, ambientalista. Puro cuento, Phoenix era una herida abierta que intentó suturar con una ensalada de drogas: marihuana, heroína, cocaína y valium.
El mal de uno es el bien de otro. ¿Qué habría sido de Johnny Deep, Christian Slater, Brad Pitt o Leonardo Di Caprio si los paramédicos hubiesen revivido a River? ¿Si él no hubiera muerto la noche que lo levantaron de la acera del Viper Room en Los Angeles, abotagado, con la piel morada y el corazón dándole tumbos como una estampida de elefantes?.
Los
A Plimpton la conoció en la filmación de
Un artículo publicado en la revista
Un año más tarde se enredó con Solgot, una saxofonista con la cual convivió; el mal carácter de Phoenix y su creencia de ser invencible echó por tierra los sueños de la pareja.
Mientras filmaba
Los malhablados de Hollywood sugirieron que mantuvo contactos homosexuales, sobre todo para su papel de Mike Waters, un narcoléptico de sexualidad insaciable, en
Arlyn Sharon dejó su empleo en Nueva York y se marchó a Los Angeles; mientras pedía aventón conoció un
En 1970, nació el primer retoño: River Jude Phoenix. River por el río de la vida que menciona la novela Siddhartha de Herman Hesse; le agregaron Jude por la canción
Sus padres, adeptos de la secta, se fueron a Venezuela; ahí la familia pasó hambre y miseria al punto que River y su hermana Rain pidieron limosna en las calles para llevar algo de comida a la casa. Cantaban y bailaban en las barriadas; vivían en un tugurio infestado de ratas.
A los cuatro años fue iniciado sexualmente en las orgías que sostenían en la tribu. Según las reglas de la secta las mujeres ejercían la “flirty fish”, una especie de prostitución religiosa para atraer dinero al grupo.
Brandt Berg formuló esa doctrina en las “Cartas de Mo”, una compilación de tres mil artículos pseudoespirituales donde hacía referencia al amor libre; el sexo entre niños y adultos y una caterva de tonterías camufladas de verdad.
Hastiados de pasar penalidades y de ver a sus hijos crecer en la miseria, la familia decidió regresar a Estados Unidos y comenzar de nuevo, por eso cambiaron el apellido a Phoenix, el ave mitológica que renació de sus cenizas.
En una entrevista River declararía: “Cuando estás tirado en la cuneta no temes estas cosas, no te las cuestionas. Nosotros teníamos fe, mucha fe.” Casi a los diez años fue a la escuela, aunque nunca avanzó mayor cosa en los estudios. Los niños se burlaban de él por su extraño nombre.
Debido a un accidente laboral su padre se lesionó la espalda, por eso no volvió a trabajar y fue Arlyn quien tomó las riendas del hogar, gracias a un trabajo de secretaria en la NBC. Aprovechó el cargo para realizar conexiones y que contrataran a River en varios anuncios.
Desde los 12 años él tuvo que trabajar para contribuir al sostén familiar; apenas logró enfilar su carrera fue el responsable de mantener a sus padres y a los otros cuatro hermanos.
Frustrado y adolorido porque no podía conseguir un empleo, el padre de River comenzó a beber y a fumar marihuana. El mismo camino seguiría el muchacho, según confesó este a la revista
River y dos de sus hermanos visitaron Costa Rica, donde compró una finca en el bosque lluvioso y un restaurante para su padre, según relató la agencia Notimex.
Tras filmar
La repentina fama lo desequilibró, buscó alivio en el alcohol y solía consumir drogas alucinógenas. Aparte de sus adicciones era disléxico; carecía de amigos y solo tenía uno: Larry McHale, quien aparte de ser su “niñera” lo enganchó con otros drogadictos.
River fue la punta de lanza de sus padres para cambiar de vida y los excesos de Hollywood fueron poco precio por ese ideal. Las drogas, más la presión por sostener a su familia, marcaron su carácter, sus relaciones y sus decisiones.
Para huir de esas presiones formó la banda
El cachorro del cine fue candidato a un Óscar y había trabajado para los mejores directores del momento: era un niño prodigio de la pantalla que actuaba por intuición y se interpretaba a sí mismo. Lo tenía todo'y se le escapó.
Su cara de ángel rubio, su imagen saludable, el aire pulcro y profesional se estrelló contra una acera la noche de Hallowen de 1993, tras un berrinche porque no pudo tocar la guitarra en el
Frustrado, acosado por sus fantasmas infantiles un desconocido proveedor de drogas le “recetó” un demoledor coctel, el que se inyectó en el servicio sanitario.
Sus amigos y hermanos intentaron revivirlo pero el gerente del club pidió que lo sacaran a la calle para evitar problemas y ahí se desplomó, sobre la acera del Sunset Boulevard. Ni los paramédicos lo reconocieron de lo hinchado que estaba; la piel se le puso azul oscura y los médicos lucharon en vano 45 minutos para salvarlo, incluso le colocaron un marcapasos para estimularle el corazón.
En memoria del muerto, Johnny Deep, dueño del
Por el contrario, los productores de la última película de River demandaron por $6 millones a la familia del actor, al considerar que este mintió al ocultar que consumía drogas; la muerte del joven supuso ingentes pérdidas para la compañía fílmica que no pudo encontrar un sustituto y terminar
Phoenix navegó a la deriva en el río de la vida. Ahora está tranquilo. El mundo le pesaba demasiado; cayó en un sueño profundo y es mejor no despertarlo, para que no muera. 1