La Haya, 29 jun (EFE).- La ministra holandesa de Inmigración, Rita Verdonk, causa de la desintegración del Gobierno anunciada hoy, ha sido en los últimos años un martillo implacable de muchos extranjeros, pero su inflexibilidad acabó causando también su caída.
Famosa en Holanda por su forma intransigente de aplicar las leyes, Rita Verdonk ha sido el artífice y el símbolo del endurecimiento de la política migratoria holandesa.
Sin embargo, en los últimos meses su estrella se desvaneció por casos de renombre tan dispares que afectaron a una ex diputada de origen somalí, una estudiante albano-kosovar y un futbolista marfileño.
Verdonk fue la protagonista de la política de dureza contra la inmigración, tanto legal como ilegal, aplicada en Holanda en los últimos años, acentuada por algunos atentados terroristas islámicos, entre los que resalta el asesinato del director de cine Theo van Gogh (2004).
La ministra pilotó varios cambios en la legislación, como la expulsión de los inmigrantes que cometen delitos, y la obligación de que los aspirantes a entrar legalmente en el país pasen un "examen" de su aptitud para poder integrarse.
Sobre la base de estos cambios, muy populares entre buena parte de la población, Verdonk intentó llegar al liderazgo de su partido, el liberal de derecha VVD, pero algunas de sus decisiones más polémicas acabaron costándole la victoria en la elección interna, que le hubiera valido ser aspirante a primer ministro.
Y es que las decisiones de Verdonk causaron una buena ración de "víctimas".
En abril, una estudiante albano-kosovar, Taida Pasic, fue expulsada por haber entrado ilegalmente al país sin que se atendiera su petición de permitirle seguir en Holanda un par de meses más para poder acabar el curso escolar y graduarse de secundaria.
Luego, la ministra también impidió en persona que el delantero de origen marfileño Salomon Kalou, que juega en el Feyenoord de Rotterdam, pudiera nacionalizarse de forma rápida, por lo que el futbolista optó por jugar con su país.
El propio Johan Cruyff, en una columna publicada el pasado martes en un periódico, pidió la dimisión de Verdonk porque, según la leyenda del fútbol, la ministra contribuyó a la eliminación de la selección holandesa en el Mundial de Alemania y no estuvo al servicio de su país.
Finalmente, el caso de la ex diputada Ayaan Hirsi Ali (de su mismo partido VVD) ha sido el detonante final de la caída de la ministra.
Hirsi Ali, de origen somalí, está amenazada de muerte por los islamistas radicales y se ha convertido en un símbolo internacional de liberación para muchas mujeres musulmanas.
Sin embargo, Verdonk decidió hace seis semanas retirarle el pasaporte holandés tras comprobarse que había facilitado datos falsos sobre su nombre y fecha de nacimiento cuando llegó a Holanda como refugiada en 1992, huyendo de un matrimonio de conveniencia en Somalia.
Hirsi Ali, quien había admitido hace tiempo esos hechos, renunció a su condición de legisladora y anunció que se iba a vivir a Estados Unidos.
Sin embargo, tras la presión del Parlamento, Verdonk se vio obligada a reconsiderar esa postura, con lo que este lunes anunció que le restauraría la nacionalidad holandesa a Hirsi Ali.
Pero la creciente incomodidad que generaba la intransigencia de la ministra acabó generando una moción de censura, que fue derrotada, y luego la retirada del partido liberal de izquierda D66 de la coalición de Gobierno junto con democristianos (CDA) y VVD. EFE
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