“Ya me voy y todavía no sabés qué es lo que fumo”.
Así son, a veces, las primicias: sorpresivas, espontáneas y hasta inoportunas. Unos días después, viendo las noticias, el mesero Antonio Sibaja cayó en la cuenta de que, aquella tarde, Ricardo La Volpe le había adelantado, en exclusiva, su salida como entrenador de la Selección Nacional de Futbol.
Tony, como le dicen en confianza, fue una de las primeras personas ajenas al círculo cercano del argentino en enterarse del fin de su ciclo.
Corría el mes de agosto. Las persistentes lluvias comenzaban a desbordar la paciencia de los costarricenses, al igual que las grises presentaciones de la Tricolor en la Copa de Oro y en la Copa América. Pero la crecida fue total tras la penosa derrota, 0 a 2, ante Ecuador en el nuevo Estadio Nacional.
La luna de miel se había acabado. La Volpe andaba incómodo hacía rato. A su prestigio internacional se le caía un pedacito cada vez que jugaba la
Once meses antes, el estratega había alucinado e ilusionado al país futbolero con su
La Volpe llegó a la Selección en setiembre del 2010 y al cabo de 17 partidos solo ganó el 39% de los puntos disputados (cuatro victorias, ocho empates y cinco derrotas). Las maratónicas sesiones de entrenamiento, repeticiones y reprimendas no parecían estar dando los frutos esperados.
Los resultados no lo respaldaron, no logró ningún título ni pudo cumplir con su promesa de ir a ganar la Copa de Oro 2011, en la que fue eliminado por Honduras en cuartos de final.
En los turbulentos días de agosto, el suramericano buscó refugio en la terraza del restaurante donde pasó tantas tardes hablando de futbol y tantas noches compartiendo en familia, acompañado por una milanesa de ternera, un vaso de limonada, media copa de vino y sus infaltables cigarrillos.
– Marlboro rojo, ¿verdad don Ricardo?
Antonio Sibaja preguntó solo por cortesía porque conocía la respuesta y, además, porque a lo largo de casi un año había aprendido a identificar el sutil sentido del humor de uno de los clientes más asiduos del restaurante El Novillo Alegre, ubicado en Lindora de Santa Ana.
“Él daba la impresión de ser una persona muy seria, de muy pocas pulgas. Pero, en realidad, cuando uno rompe el hielo con el señor, es tratable y hasta bromea”, recuerda Sibaja. “En realidad no es tan frío... aparenta ser una persona muy tosca, pero vieras que no”, asegura.
La descripción del salonero fue corroborada por Martín Aldaburu, dueño del establecimiento, quien muchas noches observó al compatriota instalado en su rincón favorito de la terraza, disfrutando de una velada más relajada con su esposa, sus nietos, su hija y su yerno.
“Charlaban mucho, son muy unidos. Son una familia muy a la italiana”, comenta Aldaburu. La Volpe incluso se tomaba el tiempo para responder saludos de quienes se le acercaban a la mesa. “Nunca lo sentí hablar mal de Costa Rica ni de los jugadores”, afirma el empresario.
Un momento' el bigotón de esta historia no se asemeja al que aparecía en la televisión con cara de pocos amigos. Algunas personas que estuvieron cerca de él durante su estadía en Costa Rica, afirman que, detrás de esa fachada de gruñón y altanero, palpita un hombre apasionado y sensible.
Incluso lo vieron reírse. Víctor Acuña, exjugador de futbol e integrante del programa
¿Defensa contra qué o quién? El exfutbolista sostiene que al entrenador no le gustaban las críticas infundadas de algunos sectores de la prensa y de la dirigencia local, ni que lo estuvieran cuestionando por su salario de $50.000 mensuales en vez de analizar su trabajo con rigurosidad.
“Él vive metido en una burbuja. Lo único que le interesa es el trabajo y la familia, y nada más. Es uno de los mejores técnicos que he conocido”, sostiene Acuña.
Otra faceta desconocida del argentino es su afición por el cine, el teatro, los caballos y el turismo. Su exasistente, Jafet Soto, actual entrenador del Club Sport Herediano, comenta que al exseleccionador le gustaba muchísimo visitar las zonas de San Carlos y Conchal, en Guanacaste.
“De hecho, fue el último de la familia en irse de Costa Rica porque estuvo solo 15 días paseando y arreglando varias cosas (...) Él estuvo muy a gusto estos once meses acá. Se fue tranquilo, muy tranquilo”, recuerda Soto, quien además de muchísimos consejos, recibió del argentino un asador como obsequio.
Soto utiliza ahora ese asador en las actividades sociales del equipo herediano y aplica en la cancha muchos de los conocimientos adquiridos al lado del suramericano.
“Él me marca con ciertas ideas de su filosofía de entrenamiento y de juego que son importantes para mí: salir jugando, defenderse bien, ser ofensivo, dinámica y volumen de juego, posesión de pelota (...) Todo esto hay que tropicalizarlo de acuerdo con el material humano con que uno cuenta”, asevera.
Para el timonel del equipo florense, el mayor legado de La Volpe al futbol tico es, precisamente, la transmisión de sus conocimientos a quienes lo acompañaron y una lista ampliada de jóvenes jugadores seleccionables como Joel Campbell, José Salvatierra, Óscar Duarte, Pedro Leal y Leonel Moreira, entre otros.
Ahora le corresponde al colombiano Jorge Luis Pinto, nuevo seleccionador de Costa Rica, decidir qué va a rescatar o desechar del proceso realizado por su antecesor.
Por lo pronto, Pinto también va a comer a El Novillo Alegre, el cual está ubicado a solo 400 metros del Proyecto Gol, sede de la Fedefutbol y de la Tricolor.
Para el propietario del restaurante, Martín Aldaburu, la llegada del nuevo estratega significa mucho más que recuperar a un cliente que tuvo años atrás.
“Nadie mejor que él para reemplazar a Ricardo porque tienen conceptos muy parecidos: gente seria, trabajadora, con carácter. Al jugador tico le hacen falta técnicos con genio”, sentencia.