por Almaz Asánov
Bishkek, 24 mar (EFE).- Tras el derrocamiento y huida hoy del presidente de Kirguizistán, Askar Akáyev, la victoriosa "Revolución de los Tulipanes" afronta el reto de restablecer el orden y la legitimidad en esta república ex soviética de Asia Central.
El Parlamento de Kirguizistán, reunido en sesión extraordinaria, nombró a su hasta ahora presidente, Ishengbay Kadirbékov, jefe de Estado interino y designó un Gobierno en funciones integrado por los líderes de la oposición
La Cámara decidió que las funciones del gabinete de ministros las cumplirá el Consejo Coordinador de Unidad Popular (CCUP), el hasta ahora gobierno paralelo de la oposición.
La rebelión popular liderada por la oposición, que denunciaba fraude en las recientes elecciones parlamentarias y exigía la dimisión del presidente, tomó hoy la sede del Gobierno en Bishkek y proclamó el fin del "régimen corrupto" y del "clan familiar" de Akáyev.
"Akáyev ha quedado, de hecho, apartado del poder", declaró a EFE Edil Baisálov, presidente de la coalición Por la Democracia y la Sociedad Civil, una de las principales fuerzas de la "Revolución de los Tulipanes", como se conoce a esta sublevación popular.
El presidente kirguís, en el poder desde 1990 y considerado un dirigente liberal en comparación con los autócratas que rigen los destinos de otros países de la zona, como Uzbekistán y Turkmenistán, había prohibido el uso de las armas contra los manifestantes.
Pero la revolución pacífica que pretendía la oposición kirguís se vio empañada por duros enfrentamientos, cuando grupos pro gubernamentales vestidos de paisano atacaron a los manifestantes congregados pacíficamente en la plaza central de Bishkek.
Baisálov aseguró que la oposición no se proponía tomar la sede del Gobierno, pero la multitud fue "provocada por los escuadrones de criminales contratados por las autoridades para dispersar a los manifestantes", con un saldo de una treintena de heridos.
Akáyev huyó de Bishkek y, tras primeras versiones de que se hubiera refugiado en una base militar, rusa o estadounidense, y anuncios de su supuesto vuelo a Rusia, según los últimos datos se desplazó a la vecina Kazajistán, adonde también viajó su familia.
Los sublevados liberaron de la cárcel a uno de los principales líderes de la oposición, el ex vicepresidente Felix Kulov, quien en un comunicado propuso a Akáyev que presente su "dimisión formal" para una "transferencia civilizada del poder".
Kulov, también ex ministro de Seguridad, declaró que la primera tarea de los vencedores es restablecer el orden y la labor de los órganos estatales para evitar desordenes y pogromos y no permitir un vacío de poder, para lo cual pidió "unidad" a todos sus aliados.
Tras una reunión del Consejo Coordinador de Unidad Popular -que agrupa a los principales dirigentes de la oposición-, su presidente, el ex primer ministro Kurmanbek Bakíyev, confirmó que el jefe de Estado está fuera del país.
Bakíyev anunció la dimisión del jefe del Gobierno, Nikolái Tanáyev, y de los demás ministros, menos los titulares de Defensa, Seguridad e Interior, que seguirán en sus cargos bajo supervisión de delegados del CCUP.
"El CCUP estudia las medidas a tomar para normalizar la vida. Es necesario crear un mecanismo para el funcionamiento del Estado en ausencia del presidente", dijo otro dirigente, Guiyaz Tokombáyev, quien negó que hubiera ocurrido "un golpe de Estado o una guerra".
La oposición ya vio cumplida una de sus demandas cuando el Tribunal Supremo canceló los resultados de los polémicos comicios.
El presidente del Supremo, Kurmanbek Osmónov, anunció que el tribunal reconoció como "ilegal" la decisión por la que la Comisión Electoral Central había legitimado los resultados de los comicios.
De esta forma, como único organismo legítimo de poder en el país queda el anterior Parlamento, a cuya sesión extraordinaria también asistirán los principales dirigentes opositores, que se vieron descalificados por las autoridades durante los últimos comicios.
Una tarea clave de la oposición, cuyos líderes provienen de gobiernos anteriores de Akáyev, es adelantar las presidenciales de octubre próximo para superar la crisis institucional y entablar contactos con otros países para tantear su reconocimiento.
Al tiempo, Bishkek cerró el espacio aéreo del país para aviones militares, por previsible temor a una intervención en el marco del Tratado de Seguridad Colectiva en el que el Kirguizistán de Akáyev participaba junto a Rusia y otros seis estados ex soviéticos.
Además, Kirguizistán forma parte del pacto de seguridad Organización de Shangai, que integran Rusia, China y las cuatro repúblicas asiáticas de la desaparecida URSS (Kazajistán, Kirguizistán, Uzbekistán y Tayikistán).
Kirguizistán, con poco más de cinco millones de habitantes, es uno de los países más pobres de Centroasia y tiene fronteras con China, Tayikistán, Kazajistán y Uzbekistán. EFE
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