El restaurante Sol y Sombra tiene dos personalidades diferentes que encuentran un punto común sobre la mesa. De día, su área de acción se extiende de los tenedores al jardín y al lago, un momento y un lugar ideal para llegar con niños. De noche, el ambiente se encierra en el restaurante que para esas horas adquiere un aire entre romántico y bohemio con chimenea, vino, sangría y plática.
Para llegar aquí hay que subir a la iglesia de Coronado, continuar 500 metros al norte y seguir los letreros al pie de la flecha. Cuando uno cree que ya no va para ningún lado porque la calle está a punto de desaparecer, la derecha lo lleva a Sol y Sombra.
El restaurante es un salón sin paredes ni apartados, es un todo en el que la chimenea juega un papel unificador y la madera de que está hecha la construcción y el inmobiliario, otorga un matiz rústico.
No pasa mucho tiempo sin que el cliente se percate de la especialidad del lugar pues además de que el menú tiene una clara evidencia española: el mesero, los dueños y algunos clientes también lo son. Así que para estar a tono inauguramos la noche con dos especialidades de esta tierra: la sangría y la tortilla española.
David Andrés y Noemí Rodríguez son los jóvenes dueños de este restaurante, ambos españoles, a él casi siempre se le ve metido en la cocina preparando las solicitudes y ella es frecuente hallarla pendiente de las mesas. Juntos se aventuraron a preparar la cocina de su país hace varios meses y la experiencia ha resultado tan exitosa que ya están pensando en traerse a San Pedro algo de su cuchara.
Que siga la noche
Aquella tortilla con que empezamos fue una premonición de lo que nos esperaba: un tránsito de platillos con el tamaño suficiente para compartir, muy frescos y no menos sabrosos.
El menú está compuesto de platos muy conocidos de la comida de aquella tierra pues además de la tortilla -que ya para este momento había desaparecido entre los tenedores- hay paella, calamares fritos, tablas de embutidos y quesos, y varias especialidades, algunas de ellas recién incorporadas al menú, como el cordero, conejo, cochinillo (cerdo), y langosta, preparadas aquí de las más variadas formas.
De la tortilla pasamos al Terrine de conejo con aceitunas, una carne que por lástima a nuestras mascotas nunca nos habíamos atrevido a probar y que según dicen en este sitio es carne de todos los días. El Terrine es un plato frío con textura de paté y buen sabor.
Luego, el paladar nos paseó por las Gambas al ajillo, calientes y deliciosas; los Champiñones al ajillo, suficientes en cantidad y muy bien preparados; y por recomendación de David, terminamos otra vez con un plato con conejo esta vez preparado en salsa de tomate...exquisito. Todo lo anterior desfiló acompañado por constantes canastas de pan y ají oli, un aderezo cuya materia prima es el ajo y otros secretos de la cocina.
La noche siguió con los postres: una crema catalana y una banana flambeada, más chimenea, más sangría y la grata sensación de estar en un rincón algo lejos de casa pero muy cerca del calor de la cocina española.