En Italia, una trattoria es un negocio familiar de comida casera, chiquito y rústico, en la que los alimentos enlatados o de paquete nunca llegarán a tocar la mesa, en estos lugares la premisa es cocinarlo todo de forma artesanal, como si fuera hecho en casa.
En Multiplaza, la Trattoria se apega a todo esto, menos en lo de que es un lugar chiquito. Aquí, el restaurante ofrece amplio cobijo adentro, y se desmenuza hacia la terraza en mesas, sillas y manteles.
Las visitas a este restaurante son gratas a la vista y a los sentidos: rústico por las cuatro esquinas, los decorados pasan del amarillo al verde, por cualquier parte que se mire, hasta rematar en la vajilla que, poco a poco, ocupa nuestra mesa. Cuando uno viene aquí dan ganas de llevarse al decorador a casa.
Cruzamos la puerta luego de una película de decepciones sacerdotales, para enfrentamos a otra decepción solo que gastronómica, pues para empezar "el chef de pizzas se fue y no estamos sirviendo pizzas", fue la advertencia de la señorita que nos atiende tras ver nuestra mirada delirante por el menú.
Por más lugar casero que sea un lugar y confianza que le tengan a sus clientes, nunca antes tuvimos que enfrentarnos a la triste realidad de ir a un restaurante italiano en el que no se pudieran comer pizzas... pero bueno, vinimos del otro lado de la ciudad, estamos aquí y tenemos hambre, así que decidimos quedarnos y rebuscar entre todo lo que tiene el menú.
Afortunadamente la oferta no se limita a las pizzas, sino que se extiende hacia otras delicias de la comida italiana como sopas, pastas (gnocchi, lasañas) mariscos, carnes y postres.
A comer se ha dicho
Un Carpaccio de carne y una Brucheta a la Pugliese, dan vida a nuestra mesa y consiguen que en cuestión de cucharadas queden atrás los recuerdos de la pizza. El primero es un plato de finas rebanadas de carne cruda aderezada con aceite de oliva, limón y queso parmesano que estaba muy bien. Pero la que de verdad se llevó las palmas fue la brucheta, pues estaba hecha de pan tipo campesino, delicioso, con hongos calientes en salsa de tomates frescos...una verdadera maravilla.
En la lista de las pastas todo se lee rico, y nos decidimos por unos ravioles rellenos con espinacas y ricota en salsa romana (salsa de tomate, crema y quesos). De las carnes, optamos por una con vino y hongos porcini.
Ya para esa hora de la noche, al lugar le quedaban un par de mesas con comensales, pero los meseros empezaron a recoger los centros de mesa y servilleteros de las que estaban desocupadas...Después de preguntar a qué hora cerraban nos dimos cuenta que nos quedaban unos minutos de alimentación pues la respuesta fue "a las 7:30 p.m." Lo raro es que ahora nos venimos a dar cuenta que la hora de cierre es a las 10 p. m., incluso los domingos...
Bueno, nos falta el plato fuerte y el postre, así que dejamos la conversación para más tarde, y apresuramos la cuchara.
Tal vez por la precisa, el que cocinó los ravioles dejó que se les pasara el fuego porque llegaron a la mesa prácticamente desarmados. El relleno de espinacas y ricota nadaba en la salsa. Aún así los probamos y sin detenernos en las pequeñeces de la presentación, todo aquello junto tenía muy buen sabor.
La carne en cambio, estaba sencillamente deliciosa: buen término, jugosa y acompañada de unos vegetales que le hacían juego visual y gustativo al platillo.
Y aunque llegamos a las 7:30 p. m. comiendo, no perdonamos el postre, pues dicen que son otros de los platos caseros hechos aquí: un tiramisú y una crepa con chocolate y helado, que nos hicieron olvidar los detallitos y nos dejaron un buen sabor en la boca. De seguro, habrá mejores noches en la Trattoria.