SI DE RESTAURANTES de comida mexicana se trata, San Pedro, siempre tiene algunas sugerencias que aportar. Aunque pensándolo bien, San Pedro siempre tiene algo que sugerir para lo que sea.
Pero lo que tenemos en mente son unos antojos mexicanos y tras la recomendación de un par de bocas bien alimentadas nos dirigimos a Garibaldi´s, un restaurante con tres años de experiencia en estos menesteres.
Es jueves por la noche y San Pedro es lugar de tránsito pesado. Desde la puerta del establecimiento un quemador le pone color a unas carnes al pastor mientras el cocinero se ocupa de ponerle movimiento a unas carnes, cebollas y chiles que descansan sobre la plancha. Una barra ocupada por tres personas lo separa del restaurante. Preferimos las mesas del fondo así que seguimos caminando.
Dentro, unas cuatro mesas fueron unidas para alojar a un grupo que festeja quien sabe qué, pero en este momento las palabras sobran pues todos se muestran más empeñados en acabar con el contenido de sus platos que en mantener algún tipo de conversación.
De los parlantes voces y tonadas mexicanas se ponen, o más bien, nos ponen a tono con el lugar. El resto de ambientación lo ofrecen las evidencias fotográficas de Pancho Villa y su paso por la Revolución, que de formar parte de algún libro, pasaron a ser enmarcadas y colgadas de la pared.
Hace unos días Max Moro, el dueño de Garibaldi´s, le lavó la cara a su restaurante, le cambió el piso, acomodó unos cuantos muebles rústicos por aquí, quitó algunas cosas viejas por allá, y pronto llegará la pintura. Ahora las cosas se ven diferentes aunque la fachada sigue mereciendo un poco de atención.
El mero, mero
Empezamos nuestro recorrido por el menú -después de constatar la buena atención del servicio- con algo liviano en mente: un caldo tlalpeño y una sopa azteca inauguran nuestra mesa.
La primera es una sustancia de pollo con verduras, pollo desmenuzado y dosis moderada chile chiplotle, y la segunda, una sustancia de pollo, tortillas, queso, natilla y aguacate.
Y aunque nuestro objetivo era calmar el hambre con alguito de entrada, el tamaño de ambos platos, más la orden de queso derretido que solicitamos al mismo tiempo, nos dejaron ya casi satisfechos, pero ni modo ya solicitamos los platos fuertes, ahora hay que ver cómo acabamos con todo.
El sabor de nuestras entradas es realmente bueno, aunque la sopa azteca tiene un saborcito amarguito que según Max, es motivo de orgullo pues logra evidenciar es que está hecha de puro, puro, tomate.
Más tarde un "burro" de pollo especial y unas chilasquiles se asientan frente a nuestros ojos, en este momento nos damos cuenta que no podemos consumirlo todo pues las porciones en este restaurante son abundantes (y esto no es una queja).
El "burro" está relleno de carne, chile dulce, cebolla y queso que cumple con creces las expectativas para cualquier amante de este típico platillo mexicano, no solo en presentación sino también en sabor.
Las Chilasquiles son tortillas bañadas de salsa, pollo, natilla, queso, frijoles y ensalada a la que hay que agregarle algún tipo de chile, nosotros, algo aventurados en asuntos picantes, escogemos como dos valientes, un término medio. Sin embargo, todavía estamos con la duda de si el cocinero se equivocó o el chile era "marca diablo" pero este plato estaba tan picante que nos dejó "echando fuego" por la boca.
En cuanto al resto del menú, es cierto que este lugar exhibe en su oferta platos que no habíamos visto en otro lado, está el "burro chingón" que en lugar de tortilla está envuelto por una capa hecha de queso mozarella cocinado a la plancha; las tortas, con auténtico pan de telera; las costillas tapatías; la barbacoa con carne de carnero y otro tanto de platos que requerirán varias visitas a Garibaldi´s para ser degustados, aunque para la próxima tendremos más presente las intenciones del bendito chile.
Sabor a tí
Max Moro se puso a cocinar comida de su país de origen después de haber iniciado un pequeño negocio de hamburguesas cuando llegó a Costa Rica hace ya bastantes años, "eran famosas" recuerda. Poco a poco empezó a preparar platos de su país hasta llegar a conformar un menú de más de 60 platos, en el que están las hamburguesas, por supuesto.
Moro es consciente que la oferta de restaurantes mexicanos en San José es muy amplia, sin embargo, para él no es problema porque a diferencia de muchos establecimientos, este es de un mexicano. "Los demás restaurantes que hay por esta zona son de ticos, yo en cambio, soy mexicano y cocino auténtica comida mexicana", afirma orgulloso.
Y aunque no se puede cocinar como si estuviera en México por que hay ingredientes que aquí no se consiguen, asegura que la sazón es de las que más se aproximan. "Aquí los mexicanos se sienten como en México y los ticos, amantes del picante, se sienten muy felices", asegura.