Desde afuera Mininos podría ser cualquier cosa, desde una tienda de ropa, hasta una de regalos, o una zapatería&...; pero si uno pone algo de atención podrá reconocer las intensiones alimenticias que llenan este lugar.
Su ubicación consigue que no pase inadvertido, pues este café, restaurante y heladería está en una de las esquinas más concurridas del norte de la capital donde alguna vez estuvo la "rotonda del Gallito" y en donde ahora "mandan" los semáforos.
Dentro, la experiencia se torna cálida: colores vivísimos, espacios abundantes y limpios y un par de sonrisas en el mostrador. El nombre del restaurante encuentra eco en las paredes pues fotos, pinturas y dibujos de felinos cuelgan de las paredes. Los hay pequeños, grandes, tiernos, juguetones, de colores, sentados, caminando, acostados&...;
Mininos se llama Mininos por que los dueños querían un nombre que llamara la atención de los niños. "Pensamos en varios animales, entre ellos una vaca, pero la vaca no es un animal muy tierno, en cambio ver jugar un gato es algo que llama la atención", comentó Fernando Muñoz, su gerente.
El lugar es un restaurante porque uno puede almorzar o cenar, es un café por que hay reposterías y cafés y una heladería, por que los helados son el producto estrella, tanto que en medio de la decoración de gatos un mural con variadas fotos de helados muestran las apetecibles opciones a los clientes. Nosotros nos quedamos con la boca abierta, por el momento no tenemos idea del sabor, pero todos se ven muy bien.
"Nuestra idea es tener las mejores copas de helados del país y hasta el momento la aceptación ha sido muy buena pues la gente estaba acostumbrada al cono tradicional, aquí somos exclusivos y originales en la presentación y el sabor es muy bueno pues el helado lo hacemos nosotros mismos", agrega Muñoz quien describe este lugar como un restaurante de comida rápida pero bien servida.
El menú no es muy extenso pero tiene opciones variadas. Hay ensaladas, crepas, repostería, baguetones, y sopas. Empezamos nuestro recorrido culinario con una taza de café negro y una de chocolate, una crepa y un baguetón.
La crepa cumplió nuestras expectativas con la novedad que venía sobre un sartencito, rellena de jamón, queso, hongos y unas ramitas de brócoli, estas últimas agregadas a petición nuestra, el plato estaba sencillamente delicioso.
El baguetón es una de las exclusividades de este sitio, se trata de un bollo de pan francés en forma de bola, a la cual le quitan la miga interna y le agregan una salsa que puede ser de lomito a la pimienta, lomito en salsa de hongos, pollo al curry, pollo en salsa de palmito, hongos y queso y pollo queso y hongos; escogimos esta última.
La experiencia fue novedosa no solo porque jamás habíamos visto algo parecido, si no también venía sin manual de cómo comerlo. Al final lo consumimos como pudimos y no dudamos que pegándole un brinco a las normas de etiqueta pero es que el relleno compuesto de abundante pollo y hongos en una salsa blanca, estaban buenísimo, y el pan también.
Cuando por fin llegó la hora del postre, la decisión estaba tomada: un Minino y una Sensación estaban en mente. El primero es una copa con queque bañado con amaretto, helado de chocolate, café y vainilla, nueces, sirope de chocolate y crema chantilly, y la Sensación, es una copa con helado de vainilla, tajadillas de banana, sirope de caramelo y chocolate, nueces y crema chantilly&...;y aquí nos quedamos sin palabras.
Los dueños de Mininos piensan abrir otros locales, en diciembre se inaugurará el de Escazú, y el próximo año en centros comerciales. Por el momento nosotros seguimos aquí, cerca de Guadalupe lamiéndonos los bigotes.