Antes de buscar una mesa en el restaurante Bakea uno no puede postergar la curiosidad de inspeccionar la casa en la que está ubicado. Es una construcción de 1.934, muy propia del Amón de aquellos tiempos: puertas dobles, ventanas que corren, vitrales de colores, pisos con diseño, grifería de la época y hasta muebles originales de la casa.
El trabajo realizado en la remodelación -que demoró 14 meses- fue impresionante, hubo que levantar pisos, lijar paredes y puertas, buscar maderas originales, rehabilitar tuberías y cableados, entre muchas otras titánicas tareas según nos comentó la dueña y chef Camille Ratton Pérez.
El resultado es una combinación entre buen gusto, belleza y elegancia, que conserva el aire antiguo de la casa y lo mezcla con detalles contemporáneos como vidrios en el suelo o en las puertas -las de la entrada-, mesas modernas, colores actuales y una muy cuidada iluminación.
De entrada tampoco es imposible obviar la roja diabla que está sentada en la fachada del lugar, una hermosa escultura con el inconfundible sello de Leda Astorga.
Un pasillo conduce al fondo del inmueble, ahí está el restaurante conformado por dos sectores: uno que está dentro de la casa con mesas de madera y otro que es una especie de patio bajo techo con mesas de metal y un look más casual.
Antes de llegar aquí, el pasillo lo lleva a uno junto a varias puertas: una es una tienda, en las que se venden artículos confeccionados por diseñadores ticos y centroamericanos; dos son salitas para estar, leer o conversar, cada una con un estilo muy particular.
Aleación culinaria
Antes de venir a comer habíamos sido advertidos por la chef que lo que se cocina aquí es un tipo de comida fusión, esto significa que el menú mezcla la tradición francesa con los aromas del Mediterráneo y el Oriente, y algunos ingredientes locales, pero no nos imaginamos cuánto.
La oferta se separa en tres menús: el de delicias para la tarde, ideal para tomar café; el de la noche, para cenar; y el Divertimento noctámbulo, con opciones para comer liviano en la noche.
Venimos a cenar así que tenemos entre las manos la segunda carta que exhibe siete opciones de entradas, ocho de plato fuerte y siete de postres... todos verdaderas composiciones culinarias que puso en apuros a nuestro paladar pues no sabía por qué decidirse: si por la sopa de ayote al romero (Siena cremada) ó el queso de cabra tibio sobre lechuga variada perfumada con aceite de pistacho (París- Istambul); si por el filete de tilapia en salsa de vino y oporto sobre una cama de puerros braseados (Tilapia Coimbra) ó unas vieiras Magallanes -que es una especie de molusco-salteadas con curry de durban sobre risotto de azafrán y mascarpone (Vieiras Magallanes); si por la Tartaleta de manga carmelizada, rellena de crema de azafrán y vainilla (Sorpresa Orotina) ó el helado al romero, servido con higos carmelizados (Beirut Bajo Cero).
En este sitio nuestro paladar acostumbrado a los mismos platos de siempre experimenta una aventura, es la primera vez en mucho tiempo que nos sentimos transitar felizmente por nuevos senderos gastronómicos.
El asunto es que no nos decidimos por esos platos sino por otros y con todos la experiencia fue buena, aunque las entradas y los postres estaban para morirse.
De entrada escogimos -después de un buen rato meditándolo- el Chomes Taiwán y por el Antipasto Corfu&...;de solo escribirlo se nos hace agua la boca.
El primero es un plato con tres camarones jumbo en salsa espumosa de soya y zacate de limón, y el segundo, es una convención de hongos, pimientos morrones, humus, berenjena, zucchini a la plancha, tomatitos cereza, bocconcini, aceitunas kalamata, acompañado de pan con chile y especias, hecho aquí. Todo está perfecto. Hubiéramos repetido pero como venimos a probar varias cosas, seguimos con las solicitudes.
De plato fuerte optamos por el Pollo Bengala y el Filete Multicolor. El pollo está compuesto por filetes de esta carne, con salsa de naranja y jengibre fresco sobre una cama de cabello de ángel. El lomito es un solo medallón -aunque el menú anuncia medallones, en plural- de res con salsa de guayaba y menta del jardín con polenta y espárragos frescos.
De los dos, la carne de res -no muy grande por cierto- es posiblemente la mejor que hallamos probado en mucho tiempo, está exquisita, aunque por ella haya que desembolsar ¢5.500.
Los postres nos mandaron a casa con una sonrisa en el rostro. La Crema Provenza (Crema quemada con aroma de albahaca) se parece mucho a la Crema catalana pero mejor, y la Opera Escandalosa que está compuesta por capas de chocolate, crema de café y vainilla de Bourbon&...;Un par de maravillas.
Solo podemos decir que disfrutamos de un acontecimiento gastronómico en el que el azar no tuvo nada que ver, sino la creatividad de Camille a quien los años que estudió en el Cordon Blue y en la École de Arts Culinaires et Hotellerie de Lyon, en Francia, se le notan en cada cucharada.