Los trabajos incluyen nueva iluminación, pavimento, red de drenaje y agua potable, mejor seguridad, reorganización de servicios como recolección de basura, transporte, estacionamientos y permisos de uso.
Además, deberán abandonar el área los miles de vendedores ambulantes que copan las calles del Centro Histórico y que hacen casi imposible el tránsito por las veredas, por lo que mucha gente opta por caminar por las calles.
La primera de las cuatro etapas de restauración concluyó en 2002 y se remozaron las calles Francisco I. Madero, 5 de Mayo, Isabel la Católica y Bolívar, con pavimento nuevo, zona de adoquines para peatones y banquetas.
Ahora se trabajará hasta el próximo 15 de mayo en las calles Donceles, 16 de Setiembre, Palma y 5 de Mayo, y otras aledañas, donde el acceso quedará restringido y se necesitará una tarjeta expedida por el gobierno capitalino para circular en la zona.
El jefe del gobierno capitalino, Andrés López Obrador, confirmó que no se cerrarán todas las calles a la vez, sino que se trabajará de dos en dos, 10 horas diarias los siete días de la semana.
El Centro Histórico mexicano, de poco más de nueve kilómetros cuadrados y uno de los más grandes del mundo, según historiadores locales, ocupa el sitio donde los aztecas fundaron en 1325 la Gran Tenochtitlán y donde se estableció el conquistador español Hernán Cortés. Además, es Patrimonio de la Humanidad, según UNESCO.
Las obras tienen el propósito de impulsar el turismo, embellecer el área y generar trabajo, y la primera fase requirió una inversión de $50 millones, financiados mediante un fideicomiso.