A la deriva: las adicciones ponen a los seres humanos a la deriva, y peor si esas adiciones pasan por las drogas. En este caso, se trata de un viaje espinoso a los infiernos, y sin boleto de regreso, en una sola dirección. Así, con crudeza naturalista y con el determinismo del caso, el director Darren Aronofsky nos lanza a la cara su más reciente propuesta cinematográfica sobre ese tema: Réquiem por un sueño, estreno alternativo y de repertorio de la Sala Garbo.
Para el realizador Aronofsky, esta película es otra apuesta a los temas densos, crujientes y agobiantes. Es una actitud que ya había mostrado en su anterior filme: Pi (1998), que aquí solo llegó por la ruta del video. Ahora, con Réquiem por un sueño, el tema de las drogas y sus consiguientes alienaciones está tratado de manera implacable: va a la sordidez de la conducta humana.
Se trata de reflejar el lado más y más oscuro de la desesperanza: ver la realidad como una llaga, y -para esto- la película nos narra la historia de cuatro sujetos envueltos en el más angustiante proceso de degradación. Ellos son: Harry, para quien la droga resulta mutilación; su novia Marion, para quien el escapismo drogado lleva a la anulación ética; Sara, la madre de Harry, envuelta en un viaje a la locura por culpa de la televisión y de las anfetaminas para adelgazar, y, por último, Tyrone, quien convierte su sueño de vivir bien en un réquiem carcelario.
Esa demolición de esos cuatro personajes la vemos, en el filme, en medio de extasiante búsqueda estética, que intenta ponerse al tanto del paranoico argumento. El problema es que -por secuencias- el alucinante aspecto visual y el arte del montaje resultan un fin en sí mismo. No solo eso: por repetitivo tiende más bien a agotarse y a agotar (el mérito estético parece convertirse en demérito efectista).
En todo caso, desde el hondo abismo de su trama, sale un filme valioso, que hay que ver (sin duda), que recomendamos, con actuaciones al golpe de Ellen Burstyn (excepcional como la madre), Jared Leto, Jennifer Conelly y Marlon Wayans.