Con el hálito de la muerte rondándolo, Wolfgang Amadeus Mozart escribió en 1791 su gran Réquiem, en re menor, opus 626. Fue su última composición, y con los años y miles de interpretaciones se ha convertido en una de las obras cumbres del repertorio sinfónico coral.
Ese Réquiem (Misa del Descanso Eterno) quedó inconcluso; la muerte se llevó a ese genio musical antes de que pudiese terminar de poner su inspiración en tinta y papel. No obstante, Franz Xaver Süssmayer, uno de sus discípulos predilectos, terminó la obra.
Ahora, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) y el Coro Sinfónico Nacional interpretarán esa creación de Mozart, después de ocho años de no hacerlo, en dos conciertos que realizarán este fin de semana.
Para mitigar el hambre
Aunque la concepción del Réquiem está ligada a una liturgia fúnebre, los conciertos de este fin de semana pretenden asegurar la vida.
Según comentó Carmen Méndez, directora de la OSN, los fondos que se recauden en las actividades contribuirán al programa Telefood de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), que favorece a personas de escasos recursos alrededor del mundo.
"Es un concierto especial de la Sinfónica y el Coro. Nos unimos para una noble causa, nos unimos para apoyar ese programa de la FAO que atiende a 93 países con graves problemas de alimentación y hambre", afirmó Méndez.
Hoy es el Día Mundial de la Seguridad Alimentaria y por ello, precisamente esta noche, se efectuará el primer concierto, a las 8 p. m., en el Auditorio Nacional. El domingo, a las 10:30 a. m., se repetirá la actividad.
La OSN será dirigida por Irwin Hoffman, su director titular; el Coro Sinfónico Nacional por Ramiro Ramírez y se contará con la participación como solistas de Ramírez y Zamira Barquero, quien ganó el Premio Nacional de Música 1998.
Además, cantarán Raquel Ramírez (mezzosoprano) y Manuel Marín (tenor), quienes fueron ganadores de un concurso de canto que organizó la Sinfónica y se realizó el 21 de setiembre.
Para completar el programa de estos conciertos de beneficencia, las agrupaciones interpretarán la obertura de La Italiana en Argelia, de Gioacchino Rossini.
Una gran obra
¿Por qué el Réquiem? "Porque es una obra maestra del repertorio occidental, porque es notable entre la producción de Mozart y porque en Costa Rica, cuando se ha interpretado, ha sido muy bien recibida por el público", detalló la directora.
Esta composición fue interpretada por última vez por la OSN en abril de 1991 y por el Coro Sinfónico Nacional en 1995, durante su presentación con la Orquesta Sinfónica de Guanajuato en el Festival Cervantino.
Requiere mucha limpieza y una correcta afinación de parte de los cantantes, explicó Ramiro Ramírez, director del Coro.
"Es una de las obras más representativas del periodo maduro de Mozart; en ella deja ver su lenguaje y bello estilo", agregó el barítono.
Cuenta el pianista Jacques Sagot que tras la obra hay una misteriosa historia. A fines de julio de 1791 se presentó ante Mozart un hombre severo y de apariencia fúnebre con una carta en la cual le preguntaba qué precio y cuánto tiempo tardaría en componer una misa de difuntos.
Aunque el músico no supo quién envió al mensajero, aceptó el encargo. Muy agotado, se puso a componer la obra y el misterioso hombre apareció de nuevo para pagarle y apresurarlo a concluir el trabajo.
Mozart, quien también componía La Flauta Mágica, sacó fuerza y compuso algunos fragmentos.
A pesar de sus deseos de terminar la obra y de reiniciarla varias veces, a pesar de su crisis terminal, Mozart murió el 5 de diciembre de 1791 y no la concluyó.
El Réquiem fue entregado al misterioso hombre, que -según detalla Sagot- fue un empleado del Conde de Walsegg, un personaje que compraba anónimamente obras a los compositores reconocidos para luego atribuírselas.
Ahora, el Réquiem es una de las obras más admiradas de Mozart y en algunas partituras se pueden encontrar marcados los trozos que le incluyó su discípulo Süssmayer, quien fue fiel a las ideas del genio.