“¡Está otra vez hospitalizada la Guzmán! ¿Tú vas a ir al hospital? ...Deja y yo también averiguo por mi lado a ver qué encontramos. Te veo mañana”.
El que habla es René Franco, al contestar una llamada de un compañero de Televisa Espectáculos, con quien trabaja en el programa radiofónico La Taquilla , que Franco produce desde hace 15 años.
Esa llamada irrumpe cuando el conductor está contestando nuestra primera pregunta. Hablaba de cómo surgió la oportunidad de tener su propio late show , ¡Es de noche' y ya llegué! , en la cadena Televisa, espacio que se transmite en Latinoamérica, los sábados, por el Canal de las Estrellas.
Se trata de un programa de entretenimiento que presenta situaciones de comedia, entrevistas y música. Un espacio donde René aborda temas de actualidad de manera relajada e intenta mostrar más a fondo la personalidad de sus invitados: políticos, deportistas y, por supuesto, artistas.
Es miércoles, y como de costumbre, graba el programa que pasa el domingo. Estamos conversando en la sala junto a los camerinos en las emblemáticas instalaciones de la histórica estación XEW.
Cuenta que es muy común que reciba el tipo de llamadas “de alerta” como la que recién le ingresó sobre Alejandra Guzmán. Es evidente que se entera de todo de primera mano.
El comunicador, famoso por su sarcasmo, rememora que se inició en el quehacer reporteril en el periódico El Economista , cuando tenía 30 años y cubría cultura. A ese puesto llegó porque editaba una revista literaria aficionada.
“ TVGuía empezó a reproducir algunos de mis artículos y me brincaron al lado de la farándula. Ya metido en ese lado, me di cuenta de que era muy divertido ”.
Franco también ha sido actor y productor teatral. La comicidad es parte vital en él y reconoce que, sin ese talento, no podría haberle hecho frente a un programa como el que conduce y produce.
“Yo me paraba y les contaba chistes a los de la Redacción. Entonces un compañero me dijo que yo debía ser como David Letterman y yo dije: '¿quién es él?' Pasó un tiempito y vi su show y me dije: 'yo debería hacer eso'. Me enamoró la idea, me gustó el formato. Entonces decidí dedicar mi vida a conseguir este show ”.
Sin mayor reparo, indica que este tipo de programas no los puede hacer cualquiera: “La persona debe tener la vocación, la intuición, la experiencia y la habilidad. Lo hace Jay Leno en Estados Unidos, Andreu Buenafuente en España y Marcelo Tinelli en Argentina. Todos son mitad comediantes, mitad periodista. Si no, no funciona”. El ahora delgado conductor (perdió ceca de 20 kilos “gracias a la meditación, la buena alimentación y el ejercicio)” sigue destacando las destrezas de los conductores mencionados: “Muchos pueden intentar hacer un show así, pero no es fácil. Por eso estos tipos de personajes ganan tanto dinero”.
—¿Y usted gana igual?
—No. Bajo ninguna circunstancia. En México es todos los días estar bregando contra la corriente y además ganando sueldos normales. Menos yo ,que como casa productora le produzco el show a Televisa. Tal vez soy un mal negociador pero yo hago televisión por amor y gusto.
Al verlo expresarse , aflora su sentido metódico . Es muy analítico.
“A los 30 años me dije: 'me doy 10 años para tener este programa. Si a los 10 años no lo logro, me caso, tengo hijos y a ver dónde viviré’. Y justo cuando cumplí los 40, estreno el show ( en agosto cumplirá su sexto aniversario)”.
Siendo director editorial pensó que, para trazar su camino hacia la gran meta, debía posicionar su nombre.
“Me dí cuenta de que debía hacer mi idea primero en radio y ahí encontré que el vehículo idóneo eran los espectáculos”.
Su añorada oportunidad resultó de un trato por el que pagó un alto o bajo precio, depende de cómo se analice... aceptó exponerse en el polémico reality Big Brother V.I.P. a cambio de que le dieran un show que fuera enteramente de él, que nadie pudiera manipular.
—¿Cree que su nombre y apellido atemorizan a algunos de sus invitados? ¿Cómo mostrar algo novedoso con figuras de tanto “empalago mediático”?
—Al hacer radio, prensa y hacer mis comentarios, muchos llegan asustados hasta cierto punto. Pero no hay cuestionario, lo logro con mi entrevista.
Ha habido personajes como la actriz María Victoria ( La criada bien criada ) que es muy hermética, o las primeras veces que vino Gloria Trevi fue muy cauta, pero esto y que se pongan tensos me sirve a mí también para sacar partido durante la conversación. “A veces hablo con ellos y les dejo ver que lo que más vende es cuando la gente se ríe y lo que más gusta son las anécdotas que nos traen. Les digo: ‘¿tenés alguna buena?’, no me la cantes ya. Yo la apunto y la saco en medio de la entrevista”.
—Viene de entrevistar al ex RBD Christian Chávez y en cámaras reconoció que tuvieron un altercado hace años, y que luego lo arreglaron...
—No hubo un altercado como tal. Lo que pasa fue que lo llamé por teléfono y le dije que no tomara pastillas, que todo se le mejoraría si decidía salirse del closet y reconocer su homosexualidad. No se lo dije así, pero esa era mi intención.
—¿ Situaciones fuertes?
—Manuel Mijares alguna vez manejó hasta la estación de radio donde yo trabajaba dispuesto a golpearme.
—¿Cree que tienen razón de reaccionar de esa forma?
—No, porque hay que distinguir que una cosa es el personaje y otra la persona. El personaje está ahí para que lo odien o lo amen, pero la persona no debe estar dentro de él, debe estar a salvo .
—¿Puede definir el tipo de periodismo que hace?
— En periodismo no hay estilo, periodismo es periodismo. Yo no estudié comunicación exactamente, mi maestro en eso fue mi exjefe Luis Enrique Mercado, periodista de muchos años que hoy es diputado. Él dice que esto es un oficio. Es como la carpintería. Podés darle tu acabado pero la forma de hacer carpintería siempre es la misma.
—¿Cuál cree que sea la percepción que tiene el público de usted?
—Yo no hablo en tercera persona, eso que lo digan ellos...
¿Cuál es la imagen que mi personaje presenta ante el público? (reflexiona).
La realidad es, y ahí no hay discusión, que todo el mundo crea el universo dentro de su propia cabeza. Lo que para tí puede ser hermoso, para mí puede ser horrible. Lo que la gente crea del personaje que yo hago es responsabilidad de ellos.
—¿Y la percepción del personaje?
—Para mí el personaje del sombrero y el traje es como una piñata. Esta ahí para que la llenen de dulces, la apaleen, la celebren, la tiren o le hagan lo que quieran. Pero yo no estoy dentro de la piñata.
El problema es que muchas personas se van a dormir con el personaje y muchos se quedan con él las 24 horas, y lo viven y lo sufren todo el día.
—¿Cómo hace para separarlos, más que en su caso ambos responden al mismo nombre?
—Nunca nadie es el mismo, ni tu doctor, el de bata blanca, el serio... está haciendo su personaje, que es parte esencial de su trabajo. Es como que llegues a su casa y lo veas en calzones, fumando y viendo TV. Le perderás cierto respeto y cierta credibilidad. En esta industria para poder separarlos tienes que ir a terapia, sea psicológica, de meditación' Cuando tu personaje y persona están juntos todo lo maravillo o trágico les pasa a ambos , y esos vaivenes emocionales ¡son insoportables!.
“Eso sí. mi personaje está loco. Es tu ego, tu parte diabólica, tú sales a hacer este personaje y tienes que estar al mismo tiempo detrás de él para decirle ‘hasta ahí, quieto, baja un poco’. Si dejas que tu personaje se apodere, se mata. Yo por mi propia salud mental cuando se apaga la luz debo estar conmigo mismo”.
—Por lo que me dice es algo que tiene muy claro pero ¿cómo afronta René el acoso de su personaje en la calle?
—Hay un término perfecto: “gajes del oficio”. Si de todo lo que me dicen, sea bueno o malo, hay algo que te interesa, digo: “esto es interesante para mi producto, para corregir lo que ofrezco al público”. Aprovecho para encuestarlos. Por eso no soy tan famoso ni popular. Yo mismo no me comporto diferente: me encuentras en un centro comercial o en un restaurante cualquiera. A mí me gusta mi vida, me gusta como es.
—¿Qué tiene más: fama o prestigio?
—Eso que lo digan los demás... Yo soy reportero pero uno muy raro porque estoy también adentro de los camerinos como actor o comediante. Eso sí, tengo una máxima: Lo que oiga dentro de un camerino no lo puedo usar en la prensa porque como reportero no lo hubiera sabido, es respetar ese límite. El resultado es que luego tengo a esos compañeros de invitados hablando tranquilamente.
—¿Cómo maneja el tema de su seguridad?
—Como todo el mundo, me preocupa la mía y la de mi familia, pero yo no tengo tanto dinero, todo lo que me he ganado me lo he gastado. En México parecer ser que el asunto está terrible y no sé qué sea mejor: si tener mucha seguridad o no tener nada. Voy al gimnasio a jugar squash , ando en motoneta por el tráfico tan terrible y hasta ando en bicicleta. La verdad es que yo no me creo nada especial ni trato de llamar la atención.
—Al ser parte del espectáculo también como figura que genera noticia, su vida ha estado expuesta en los medios. ¿Algo que le haya dolido mucho?
—Hay cosas que me han puesto muy triste, enojado... Me enojan mucho las revistas que te ponen nubecitas que dicen lo que “estás pensando”. Y eso no es un paparazi periodístico. Eso es una mentira y hasta deberían pagarte porque te están usando como en una fotonovela.
De mí han puesto cosas increíbles como: “Nos encontramos a René en una fiesta y estaba borrachísimo y se tiró encima la bebida”. Y la nube dice “Ya no sé ni dónde estoy”, cuando en realidad sudaba por la bailada y no había bebido.
Hace poco una muchacha con la que estoy saliendo les dio unas fotos de un viaje a la playa y yo ni siquiera las vi. Respeté que ella quisiera dárselas, pero ellos aprovecharon para destacar el hecho de que yo le doblo la edad.
—Luego del Big Brother mucho se dijo sobre su sexualidad...
—La gente está muuuy reprimida. La gente ve lo que quiere ver y oye lo quiere oír. Bajo la vida de muchas personas hay una serie de frustraciones, necesidades y dolores sexuales que no pueden con ellos, y los espejan en la parte más visible de la sociedad. Lo que yo haga o deje de hacer en mi vida íntima no debería causar una reacción tan explosiva. Entonces decidí jugar con esas reacciones y provocar con eso. Quería generar más audiencia y así fue. Eso me dio un conocimiento más profundo de esta industria.
“¿Sabes? en este momento hay un gran problema con la prensa en México: es completamente manipulable. Si un artista con cierta fama decide sacarse unas fotos y vendérselas, la revista las publica sin importar si son falsas o ciertas. Ahí desaparece el periodismo y el único interés es el dinero. Por eso medios como The Star de Londres o el National Enquire , publican las mismas notas con distintospersonajes: no tienen credibilidad pero la gente las consume. No es mi caso. Me gusta hacer cosas diferentes al chisme, y no por eso dejamos de ser entretenidos, polémicos, interesantes y vender”. 1