Si los migrantes del mundo constituyesen un país, este tendría 215 millones de habitantes y superaría en población a Brasil, convirtiéndose en el quinto más poblado del planeta. Las remesas que envían a sus naciones de origen también conformarían una poderosa fuerza económica.
Se habla mucho de la asistencia oficial al desarrollo por parte de los países ricos, por ejemplo, pero las remesas representan una suma tres veces mayor.
Es por esta razón que la recuperación de los flujos de remesas, luego del traspié causado por la crisis financiera mundial de 2008-2009, es una buena noticia, en particular para Latinoamérica y el Caribe (LAC). Las remesas hacia nuestros países declinaron 11,8% entre 2008 y 2009, al bajar alrededor de $7.500 millones en solo un año. Pero ya en 2012 los envíos registrados de dinero por parte de los migrantes hacia LAC volvieron a ubicarse en el nivel previo a la crisis, de $64.000 millones por año, según datos dados a conocer recientemente por el Informe sobre migración y desarrollo del Banco Mundial.
Este resultado tuvo origen en el incremento en las remesas provenientes de Estados Unidos, de la mano con una recuperación económica débil pero sostenida y la progresiva mejoría en su mercado laboral. Pero, en la otra cara de la moneda, se vio atemperado por la crisis en Europa, en particular la experimentada por España, que es una importante fuente de remesas para muchos países suramericanos.
Llama la atención que el aumento en los flujos provenientes de Estados Unidos no benefició a México, que en 2012 recibió el mismo monto que el año previo, aunque con $24.000 millones anuales sigue ubicándose como el tercer mayor receptor de remesas del mundo, empatado con las Filipinas. Ese fenómeno concuerda con reportes, basados en el censo estadounidense, de que el ritmo de la migración de mexicanos hacia Estados Unidos se detuvo y más bien ha empezado a reversarse.
Más crecimiento. Aún de mayor importancia para las perspectivas económicas de nuestros países es la proyección del Banco Mundial de que las remesas registradas hacia LAC crecerán en casi una tercera parte de aquí al 2015, lo cual implicaría $20.000 millones más para ese año, para alcanzar así un total de $84.000 millones. Se estima que en el presente año crecerán 7,6% y que en el 2014 y en el 2015 lo harán a ritmos superiores al 10% anual.
Este fenómeno vendría a sumarse a otra serie de desarrollos favorables en la región y podría contribuir a estimular mayores niveles de crecimiento económico y menores tasas de pobreza. En efecto, la infusión de recursos adicionales no solo mejoraría los niveles de vida de las familias receptoras, que es lo más importante, sino que además tendría un favorable impacto macroeconómico al fortalecer la demanda y estimular el crecimiento.
A este respecto, resultan particularmente relevantes los esfuerzos para disminuir el costo de envío de las remesas, que ha sido notoriamente alto, porque menores costos aumentarían el monto percibido por los destinatarios. En 2008, el costo promedio mundial para enviar remesas era del 10%, lo cual llevó al G-8 y luego al G-20 a promover esfuerzos para reducirlo a la mitad. El avance a nivel mundial ha sido lento, pues dicho costo se ubicó en 2012 en un 9%. En los principales corredores bilaterales de remesas, que tienen más peso relativo por representar flujos mayores, el promedio del costo de envío ha bajado de 8,6% en 2008 a 7,5% en 2012, según los datos del Banco Mundial.
Avances en Centroamérica. Es conocida la importancia que tienen las remesas para el bienestar familiar y la macroeconomía de la mayoría de los países centroamericanos, por lo que resulta alentador que los costos de remesas hacia ellos se ubican en niveles mucho más bajos que los citados promedios mundiales. A esto ha contribuido la robusta competencia entre las compañías mundiales de remesas, bancos locales bien establecidos y otras empresas de menor envergadura que han incursionado en la canalización de esos flujos.
Así, el costo de envío de recursos desde Estados Unidos hacia Guatemala fue de 6% en el tercer trimestre de 2012, en tanto que hacia El Salvador, Nicaragua y Honduras se ubicó en niveles del 5%, según la base de datos del Banco Mundial. Además, en todos los casos el envío desde Estados Unidos se colocó entre los más baratos que existen hacia esos destinos, de gran trascendencia por tratarse de la principal fuente de remesas para esas cuatro naciones centroamericanas.
La medalla de oro corresponde, sin embargo, a Costa Rica y los envíos hacia Nicaragua: su costo bajó casi medio punto porcentual en solo seis meses y para el tercer trimestre de 2012 constituyó un 3,32%, apenas la tercera parte del costo promedio mundial. De esta forma estamos dando un buen ejemplo de eficiencia y solidaridad en el ámbito internacional.