1. Recuerdos son muchos, pero el mejor fue la Semana Santa de 1977. Fuimos con varias familias amigas a Mata de Limón, por supuesto en tren. El miércoles, alrededor de una fogata conocí a un muchacho. Planeamos ir al baile del sábado en el inolvidable Salón Los Manglares, pero él no entró porque no tenía plata. Yo desilusionada hice amistad con otro joven y cuando me di cuenta el primero había entrado porque le regalaron una entrada. Regresé el domingo, no sin antes comerme un granizado con leche y apear mangos sele y con 2 candidatos para novio. Me casé en el 84 con el que "no tenía plata" y nuestras 2 hijas conocieron el mar y dejaron sus ombligos en paseos a Mata de Limón.
Gabriela Morales Burgos.
Barva.
2. Leí con agrado ayer en la Revista Proa, que si tenemos buenos recuerdos de Mata Limón que escribiéramos, pues le cuento que mi abuelita CONSUELO SALAS VIQUEZ, JUNTO CON MI PADRE Y MI PADRE se puede decir que fueron los colonizadores de ese encantador lugar, hay muchas historias muy lindas y bellas , así como muy bellas fotografías hace mas de 40 años , mi abuelita puso el primer hotel imagínese la cantidad de lunas de miel, así como el negocio de granizados famoso, era de mi padre y sigue siendo. Bueno, le puedo contar muchas cosas, pero creo que para que tenga un excelente reportaje, pueden sacarle provecho a las experiencias vividas por mis padres. Estamos buscando fotos de la primera lancha MIS ROSITA, propiedad de mi padre. Era el único medio de transporte para pasar al otro lado pues ni siquiera había puente.
Licda. Ileana Bonilla Salas
3. Angelo Marozzi Bernini, mi bisabuelo, nos mostró porqué no podía dejar de ir a ese lugar; desde que salíamos de la estación del tren, todo era una fiesta. Nos quedábamos en Villa Aldina, su casa, situada en un lugar que él llamaba "ángulo de ensueño". Era un lugar mágico y quien le descubría esa magia no podía dejar de ir una y otra vez. Me iba al estero con mis hermanos y primos a subirnos en los mangles, a reír y a gozar. Para llegar hasta el " mar grande", había que pasar por las rocas cubiertas de conchas; nos daba mucho miedo de caer al mar y nos lastimábamos los pies, pero valía la pena el esfuerzo. ¿Cómo olvidar la pulpería "La Purruja" y a Don Vin?, nos mandaban ahí a comprar hielo. También eran famosos los bailes en el salón los Manglares, que fue destruido por un terremoto. No se podía dejar de ir al puente de madera al atardecer, el sentimiento era como de estar dentro de un cuento de hadas con un bello final...
Aldina Mora Chaverri
Moravia
4. Hola señores de Proa, la Nación.
Preadolescente y durante varios años mi familia y yo fuimos 2 veces al año a vacacionar a la finca de Kativo en Mata de Limón pues mi papá trabajaba para la empresa. Nos íbamos con mi mamá lunes temprano en el tren y regresábamos domingo. Mi papá siempre llegaba los jueves. Tengo mis mejores recuerdos cuando íbamos en bote al mar y había que pasar la barrera que ya no está. Íbamos al salón de baile toda la familia y recuerdo oír en la rockola "Ojos Verdes", canción que hasta la fecha me evoca esos días. La casa está arriba en una montaña y todas las tardes mis hermanos y yo nos sentábamos a escuchar los pitidos del tren de camino a Puntarenas. Siento una gran alegría al recordar todos esos años con los muchísimos recuerdos que se niegan a irse de mi mente, en especial ahora porque mi lindo papi, que me enseñó a nadar en la piscina de la casa aunque él no sabía nadar, se fue a la casa de Dios hace 3 meses. ¡Qué días tan lindos pasé a su lado!! Espero que ustedes también hayan conocido en algún momento y tengan buenos recuerdos de Mata de Limón. Rescaten lo que deseen de este relato, es suyo.
Mayra Gutierrez Morua
Instructora de Buceo
Cartago
5. Luna de Miel en Mata de Limón
Inolvidable mi luna de miel en Mata de Limón en enero de 1972, lugar que en la década de los 70 se convertía en uno de los sitios preferidos por los josefinos para sus paseos de fin de semana. Inolvidable el arribo a la Estación del Pacifico a las 2.15 a.m. y observar a esa hora de la noche la multitud de personas haciendo filas para comprar el boleto del tren que partía a las 3 a.m. Inolvidable el viaje a través de la noche en el tren repleto de cantantes y bohemios que alegraban el ambiente, y apreciar, en la estación de Concepción, en la lejanía y en la oscuridad de la madrugada, las luces de las ventanas del tren que venía de Puntarenas. Inolvidable el arribo a Mata de Limón a las 615 a.m. donde se bajaba alrededor del 50 % de los pasajeros y la llegada al hotel Caroni y la permanencia en los Manglares con sus luces de colores y la orquesta Melody haciendo las delicias de los jóvenes bailadores. Cómo olvidar los botes, los granizados y principalmente el puente que atraviesa el estero e identifica el lugar, que siempre permanecía lleno de turistas josefinos, que disfrutaban su fin de semana pescando en dicho puente, acompañados de refrescos, cervezas, música y comida. Hoy, 34 años después, continúo visitando con mi esposa Mata de Limón, considero que el lugar, aún en estas fechas, mantiene un embrujo mágico con su estero y su legendario puente, quizás no es lo mismo, falta el conglomerado humano, el bullicio y la alegría de la juventud, pero fue el sitio de mi luna de miel la que sirvió de fundamento indiscutible para el matrimonio indeleble y el hogar feliz que mantengo con mi esposa y mis queridos hijos.
Gerardo Jiménez Miranda
6. 1972... Yo me acuerdo
Todo estaba bien planeado para ir a pasar el día en Mata de Limón. Llegué puntual a la estación del tren, escuché impaciente el 1,2 aviso de que el tren se iba a las 7am. en punto, desconsolada escuché el 3 y se fue el tren y con el mi esperanza de ir a pasear en eso llega mi amiga Nena, tarde como de costumbre en un taxi y yo con lágrimas de la furia le dije: ya el tren se fue. Ella, quien era capaz de mover cielo y tierra con sus largas piernas, su mini falda y el espectacular pelo largo me dijo: no te preocupes en este mismo taxi nos vamos. Pero estás loca, si solo tengo plata para los tiquetes que ya compré, ¿cuánto nos costará ir hasta allá en taxi? No, esperáte, acto seguido le dijo al conductor: siga al tren por favor. El taxi salió soplado y alcanzamos al tren allá en la Sabana frente a la Contraloría. Ella sacó medio cuerpo por la ventana, le dijo al taxista que pitara para llamar la atención del tren. Quien se asomó fue un señor que recogía y picaba los tiquetes a todo esto, ya éramos las dos quien le gritábamos: ¿hay parada en Pavas? No, nos hacía de señas el sr. Por favor, párenos. Es que este no para. Pare y después le explico le dijo Nena. Después de mucho insistir... nos dijo está bien, lleguen y paramos así lo hicimos. Cuando el tren paró en Pavas, el más sorprendido fue el maquinista al tiquetero lo invitamos con las comidas del picnic que llevábamos. Claro, aquello fue todo un acontecimiento, los pasajeros del vagón nos aplaudieron cuando por fin subimos. Allí nos conocimos con un grupo de estudiantes de medicina quienes también iban a pasar el domingo en Mata de Limón y desde allá empezó el romance más lindo de ese día.
Ana Fernández
San Francisco de 2 Ríos
7. Cuando leí la pregunta inmediatamente sentí en mi rostro una enorme sonrisa, entre los mejores recuerdos de mi infancia están los paseos a Mata de Limón. Además de mi familia, iban las familias de mis tíos y tías y ese montón de primillos. Mi mamá evitaba decirnos que íbamos para la playa, porque la víspera no dormíamos, nos levantábamos muy temprano y nos dirigíamos a la Estación del Ferrocarril al Pacífico, qué divertido los viajes en tren, ir asomada por la ventana diciéndole adiós a las personas que nos miraban pasar y mami diciéndonos que metiéramos la cabeza y las manos, llegar a Orotina y esperar los marañones, los caimitos, el gallo de pollo y la Milory, porque entre tanto chiquillo los "sanguches" de la casa ya se habían terminado. Siempre nos alojamos en un Hotel llamado Casa Blanca, administrado por don Rodolfo, ahí me gustaba sentarme en las gradas rojas de ocre y ver pasar los trenes, en ocasiones íbamos al restaurante Manglares, que tenía una gran pista de baile, pero lo que nunca olvidaré es el extenso puente de tablones de madera que tenía que cruzar para llegar al lugar que mis padres estimaban seguro para tantos "güilas". Mi hermana cuando caminaba por él, apretaba los dedos como queriendo agarrar las sandalias para que no se le cayeran, de vuelta a San José, el tormento de mi madre era que el tren nos dejara o no encontrar lugar, entonces le pagaban a unos chiquitos del lugar para que fueran a Caldera y nos cuidaran el campo.
Carmen María Gamboa Jiménez, Jardines de Cascajal
8. ¡Hola!
Mi nombre es Daniel Gamboa Castillo y el de mi Señora Soledad Carrillo Phillips. Quisiera contarle brevemente sobre nuestra luna de miel en Mata de Limón. Tenemos 26 años de casados y nuestra "luna de miel" fue en Mata de Limón, un 10 de noviembre del año 1979. Nos fuimos en el tren de 6pm y cuando llegamos, en el preciso momento de bajarnos del tren, se fue la luz. Para variar estaba lloviendo y mi señora llevaba valijas y cajas como para un mes. ¡Solo íbamos por una semana! Recuerdo que estaba un viejito sentado en la estación y yo le pedí que me cuidara a Soledad, mientras yo iba jalando valijas y cajas. La cabina quedaba como a doscientos metros de la estación, pero como era de noche, sin luz y lloviendo se me hicieron como de un kilómetro y uno con ganas de llegar a la luna para probar la miel. Bueno llegamos todos mojados y llenos de barro. Tuvimos que buscar candelas y claro sin querer queriendo después de todo el que se hubiera ido la luz lo hizo mas romántico. Lo demás... no lo cuento. Saludos afectuosos
9. Lo más fabuloso eran los viajes en tren. Recuerdo que había uno que salía como a las 03:00, ese era el que más me gustaba, pues había que levantarse de madruga y si era en verano, el cielo se veía lindísimo...no había tanto riesgo de salir a esas horas. Recuerdo el famoso túnel y la llegada a Orotina, los gallos de huevo duro y pollo. Una vez que en la estación de Mata de Limón, cruzábamos el famoso puente de madera, a mi se me hacía eterno cruzarlo. Nos íbamos caminando hasta una cabina que tenía un tío mío. Creo que eso fue en la década de los 70's. El aire y la playa eran limpios....esos recuerdos son los que se llevan por siempre. Ahora que tengo 43 años, quisiera que mis hijos tuvieran la oportunidad de vivir por lo menos algo similar...pero ya no va a ser posible...obviamente....ahora todo es muy diferente.
Gerardo Campos
1-604-125
10. Mis padres nos llevaban a mi hermano y a mí a Mata de Limón desde muy pequeños, por lo que guardo con cariño especial este lugar. Nuestra aventura comenzaba desde el levantarse temprano en la madrugada para abordar el tren, y nuestra impaciencia por llegar crecía hasta que sentíamos la brisa del mar, luego en la estación el buscar un botero para pasar el estero, causa de temor para muchos y no más llegar a la cabina, ponerse la pantaloneta para ira meterse al mar. Íbamos en Semana Santa, vacaciones de medio periodo y en las vacaciones de tres meses. Recuerdo los granizados, las noches en que nos alumbrábamos con lámparas de canfín, el hielo en maqueta, el despertar con la brisa del mar, los viajes a Caldera pasando por las piedras que existían allí, el manglar, los cangrejos a los que perseguíamos sin alcanzar, las picadas de purrujas, el tomar agua de pipa que vendía un señor muy bueno al que lo conocíamos como El Nica, los bailes en el Hotel Viña del Mar, la advertencia de nuestras tías de no meternos en el mar un Viernes Santo, porque nos convertiríamos en peces, las noches con sus incontables estrellas. Pero lo mejor era que todo esto lo disfrutábamos con toda nuestra familia.
Luis Javier Mora Barrantes.
11. Mi abuelo Salvador Zeledón Prado tenía el Hotel-Restaurante Viña del Mar. En vacaciones íbamos con mis papás y hermanos, realizando el viaje en tren. Paseábamos en lancha, comíamos granizados y nos bañábamos en el estero.
Salvador Zeledón Escobedo.
Barrio México.
12. Cómo olvidar mi luna de miel en Mata de Limón, donde llegué el domingo 12 de setiembre de 1975, luego de un lindo viaje de 5 horas en tren. Esos atardeceres cuando subía la marea y quedábamos aislados, y claro, otros detalles más.
Rafael Ángel Calderón Fonseca.
Curridabat.