La epidemia de polio que azotó al país allá por la década de los cincuentas y que dejó a cientos de niños paralíticos fue su célula germinal. No era para menos, nadie podía quedarse con los brazos cruzados frente aquella tragedia en la que estaba sumido el país, mucho menos el médico, Humberto Araya Rojas (qdDg).
Entre el sufrimiento de los niños, los llantos y quejas de las madres, padres y hermanos que miraban como piernas y manos de un millar de pequeños quedaban paralizados tras el ataque -sin piedad- de aquel terrible virus, nació el Centro Nacional de Rehabilitación, Humberto Araya Rojas, CENARE).
Su trabajo para rehabilitar a los niños con polio empezó hace 20 años, mas con el paso del tiempo su actividad se fue ampliado y diversificando con el propósito de ofrecer rehabilitación a personas que sufrían alguna discapacidad producida por otras enfermedades y accidentes.
Hoy el CENARE es, sin discusión, el sitio más especializado del país donde se trata de rehabilitar a niños, adolescentes, adultos y ancianos para que se reincorporen a la vida productiva, pero, sobre todo, a la vida social.
Está provisto de una multitud de equipos que permiten a médicos, enfermeras y terapeutas sacar provecho las potenciales que le quedaron al paciente tras haber sufrido una meningitis (inflamación de las membranas que cubre el cerebro), un accidente vascular cerebral, un infarto, un percance de tránsito...
20 años de lucha
Miles de personas han pasado por allí en los 20 años que tiene de estar funcionando. Desde aquellos a quienes se les amputó una pierna y necesitan adaptarse a la nueva prótesis, hasta los que quedaron con una parálisis en sus extremidades inferiores y que tienen que acostumbrarse a andar en silla de ruedas.
Entrar al CENARE es entrar a otro mundo. Sus amplios corredores, sus patios interiores, sus jardines, su luz natural, la ausencia de barreras arquitectónicas, la música de fondo y los colores con los que fue pintado el lugar, hacen de ese establecimiento un sitio idóneo para la rehabilitación integral.
Las herramientas que tienen son vastas. Los pacientes disponen de terapia física, terapia ocupacional, soporte psicológico, médico, social y de enfermería.
El lugar está provisto de una pequeña casita donde el paciente, que ha quedado con alguna secuela discapacitante, puede prepararse para enfrentar la vida cotidiana: ir al servicio sanitario, pasarse de la silla de ruedas a la cama y viceversa, desplazarse por la casa de habitación en silla, en muletas o en andadera, cocinar...
Y como dos décadas de existencia no pasan en vano, funcionarios y pacientes celebrarán --con bombos y platillos-- a partir del 17 de marzo, el aniversario del CENARE.
Actividades científicas, culturales, exposiciones de Rosibel Pereira, desfiles y sobre todo, una profunda reflexión del quehacer institucional son las actividades programadas. El afán de su director, Vinicio Mesén, es hacer un alto en el camino, seguir mejorando para que el proceso de rehabilitación esté al alcance de todos.