
Colaborador de La Nación
Como si la nostalgia fuese el signo del nuevo milenio en el mundo musical, muchas figuras de décadas pasadas retoman protagonismo al lanzar nuevas producciones.
Este es el caso de los New York Dolls, a quienes el reconocimiento y la admiración llegan de manera tardía, tanto como tardío es su nuevo y tercer disco: One Day It Will Please Us to Remember Even This (Un día nos complacerá recordar incluso esto) , más de 30 años después de su última producción.
Los New York Dolls podrían haber sido otro grupo olvidado de los 70, pero las décadas posteriores los acreditaron como propulsores del punk rock , como el más representativo grupo del glam rock norteamericano de la época, como influencia decisiva en la estética del heavy metal más comercial de los 80 –desde Motley Crue hasta Guns n’ Roses–, y hoy comienzan a ocupar un sitial casi legendario dentro de la historia del rock.
En el 2004 fueron sacados del retiro grupal por el cantante británico Morrisey –en su momento presidente del club de fanáticos ingleses de la banda– para tocar en el festival Meltown.
Luego comenzaron a aparecer en documentales y a dar presentaciones hasta que este año editaron su nueva producción de la mano de la Roadrunner (disquera propulsora del nu-metal en los 90) y retoman el circuito de conciertos.
En la actualidad solo quedan dos de los NYD originales, el cantante David Johansen y el guitarrista Syl Sylvain, acompañados ahora por el bajista Sammi Yaffa (ex-Hanoi Rocks), el guitarrista Steve Conte, el tecladista Brian Koonin y el baterista Brian Delaney. Todos ellos grabaron este nuevo disco –que cuenta con Michael Stipe de REM como invitado–, una producción que ha recibido muy buenas críticas especializadas.
¿Pero quiénes son estas muñecas tan particulares?
Muñecas trágicas. En 1971, andróginos, que rayaban casi el travestismo con sus tacones altos y tocando el blues más azaroso hasta ese momento: los NYD nacían como una banda más dentro de la corriente glam rock que, exitosa en Inglaterra, daba sus primeros pasos en América.
Con un estilo que no ha variado hasta la actualidad, la banda tiene el sonido de unos Rolling Stones más rabiosos y rápidos. Su imagen casi femenina, sus letras incendiarias, y su desenfreno dentro y fuera del escenario terminaron de la sembrar la semilla del punk cosechada antes por The Stooges y MC5. No obstante, no fueron reconocidos en su momento más que por algunos críticos vanguardistas y por las bandas que luego serían famosas ejecutando una versión de su estilo aún más agresiva.
Sacaron dos discos de pocas ventas en su momento y hoy muy reverenciados: The New York Dolls , y Too Much Too Soon .
El estilizado popero de Todd Rundgren produjo su primer álbum y luego serían manejados por Malcom McLaren (quien luego tomaría lo aprendido con los Dolls para llevar al éxito mundial a los Sex Pistols), pero no lograron buenas ventas. En 1977 la banda se desintegra definitivamente y a lo largo de varios años sus exmiembros morirían por diversas causas, estela mortal iniciada con la muerte del primer baterista, Billy Murcia.
La mayoría de los Dolls nunca se salieron totalmente de la música. Los más conocidos fueron Johansen, con álbumes como solista y con fama en los 80 tras su álter ego “Bruce Poindexter”, y el guitarrista Johnny Thunders y su grupo The Heartbreakers (Thunders moriría a consecuencia de una sobredosis de heroína).
Arthur Killer Kane, cuya vida de alcoholismo y posterior sobriedad y conversión religiosa como mormón inspiró el documental New York Doll , murió de leucemia después de participar en el festival de Meltown. Después de esa carrera fallida y tantas muertes, la banda renace en medio de una ola de optimismo y en un mundo que hoy entiende de qué se trataban los New York Dolls, las muñecas y tacones más especiales del rock de los 70.