Seguimos preparándonos espiritualmente para acoger a Jesús dentro de unos días, en la Navidad. Y hoy aparece en el evangelio la que, de Jesús, es principal protagonista, la que nos lo trae al mundo y nos lo da: María.
Al relato de San Lucas se le conoce como el anuncio o anunciación del nacimiento de Jesús; o simplemente, la Anunciación. ¿Quién no ha visto una estampa o un cuadro que representa el hecho?
El ángel, que en la Biblia se identifica frecuentemente con la presencia misma de Dios, tiene aquí un nombre: Gabriel, privilegiado interlocutor que, con la "fuerza de Dios", trae desde el cielo a María una decisiva proporción: aceptar ser la madre del Mesías Salvador.
Aunque desposada con José, María es "virgen". En un mismo versículo, el 27, del primer capítulo de su evangelio, San Lucas subraya por dos veces la virginidad de María.
Como dato curioso consignemos aquí que María (Myriam, en hebreo) significa "la exaltada". Cabe también aclarar que Jesús heredó el derecho al trono de David a través de José, su padre legal, no a través de María. San Lucas puntualiza que José era "de la estirpe de David".
El saludo con que honra el ángel a María indica que ha sido elegida desde hace mucho tiempo como instrumento esencial en su plan de salvación y que, en consecuencia, es objeto de la gracia y el favor de Dios: "alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". El saludo entraña un gran significado; María lo percibe así y por eso "se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél", observa San Lucas.
Gabriel la tranquiliza y, usando términos que aluden a la presencia redentora de Dios en medio de su pueblo, le da a entender que ella ha sido elegida para ser la madre del Mesías Salvador. Es improbable que María comprendiese claramente que el ángel se refería a la concepción es su seno de una persona divina, el Hijo eterno de Dios. No sólo en este momento sino a lo largo de toda su convivencia con Jesús, María -mujer de fe- habrá de ir ponderando en su mente y corazón los alcances del misterio de un Dios hecho hombre.
María, aunque ya está desposada con José, no mantiene relaciones maritales con él; María es virgen, y no entiende en esas condiciones cómo puede ser la madre de alguien. Las palabras de Gabriel le aclaran lo suficiente para, sin comprender del todo y en una actitud de fe, aceptar la realización del misterio en ella. La frase está cargada de enorme belleza y plenitud expresiva: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios".
Para alentar a María en su ejemplar disponibilidad de amor, obediencia y fe, el ángel alude a la maravilla producida en el estéril y seco vientre de Isabel, su pariente, "porque para Dios nada hay imposible".