Los entendidos explican que el relato se vale de ciertos elementos de la manifestación de Dios en el Sinaí (véase Éxodo 24, 15-18) y de otros que recuerdan las apariciones apocalípticas del Hijo del hombre en varios libros del Antiguo Testamento, por ejemplo Daniel en los capítulos 7, 8 y 10.
Con todo ello se nos quiere decir que Jesús, sin dejar de ser hombre, es también el Mesías, el Hijo amado del Padre al que hay que escuchar, el legislador del nuevo pueblo de Dios, el que va a resucitar después de ser ejecutado.
La transfiguración es un cambio profundo, una metamorfosis que afecta al ser entero que se reviste de gloria, simbolizada en los vestidos blancos, con los que se muestra Jesús deslumbrante de luz.
Con Jesús aparecen dos personajes muy señalados por lo que son y lo que representan: Moisés y Elías, la Ley y los Profetas, respectivamente. Su presencia al lado de Jesús sobre el nuevo Sinaí indica que en él ha llegado a su fin el Antiguo Testamento, figura y anticipo del Nuevo que se cumple en Jesús, supremo legislador y profeta.
A Pedro, en medio del asombro y el susto, le encanta la visión y propone una prolongada permanencia sobre el monte. "Maestro, ¡qué bien se está aquí!", exclama. Y pensando en las alegres fiestas de los Tabernáculos y en las palabras de Oseas -"os haré morar de nuevo en tiendas" (12,9)- está decidido a construir inmediatamente tres tiendas y eternizar la imponente teofanía o manifestación de Dios, quien por un poco de tiempo glorifica al Hijo e invita a que se le escuche.
Pedro no sabe lo que se dice, porque no entiende el misterio de Cristo, que no necesita de tiendas, pues bajo la humilde figura de su ser hombre, en todo igual a nosotros menos en el pecado, oculta la suma sabiduría, poder y gloria.
"Se formó una nube". En el Antiguo Testamento la nube ha sido siempre imagen de la presencia de Dios. Aquí sirve pare relacionar la transfiguración en las antiguas teofanías y para anunciar la gloria de Dios que sobrevendrá con la resurrección de Jesús, la nuestra, con los nuevos cielos y la nueva tierra. Mientras tanto, esa "nube" nos seguirá "cubriendo", es decir. Los seguidores de su Hijo amado, el Mesías Siervo de Yahvé, el que está del todo dispuesto a hacer la voluntad del Padre, como lo describe Isaías 42.
De pronto desaparecen Moisés y Elías, y queda Jesús solo con los tres discípulos testigos del hecho (Pedro, Santiago y Juan), al que han de seguir escuchando como a un nuevo Moisés, guía del nuevo pueblo de Dios.