La Palabra Pentecostés significa "cincuenta días después de" haber celebrado la fiesta de Pascua, primero entre los israelitas, y ahora entre los cristianos. En el Pentecostés del judaísmo se estableció la alianza entre Dios y su pueblo con la entrega de los diez mandamientos en el monte Sinaí; en el pentecostés cristiano se dio a María, apóstoles y creyentes el Espíritu Santo y se selló la nueva y eterna alianza sobre la base de la ley del amor.
Pentecostés, pues, es para nosotros la fiesta del Espíritu Santo, del que al cabo de las siete semanas pascuales esperamos recibir una especial efusión, fruto de la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Jesús al cielo. El Señor cumple la reiterada promesa de darnos, juntamente con el Padre, el don del Espíritu.
Y, como se ha escrito muy oportunamente, "con su venida, que no cesa, el Espíritu Santo hace entrar al mundo en los últimos tiempos, el tiempo de la Iglesia, del Reino ya heredado, pero todavía no consumado".
Vayamos ya al evangelio, que es de san Juan. En él se narra una de las apariciones de Jesús resucitado. El hecho ocurre, puntualiza el evangelista, "al anochecer de aquel día, el día primero de la semana", es decir, el mismo en que resucitó y que ahora llamamos domingo o "día del Señor". Según los entendidos, en los tiempos de san Juan el domingo había pasado ya a ser el día en que los cristianos se reunían, como lo hacemos nosotros, para celebrar la Pascua de Jesús.
Lo de las "puertas cerradas" indica algunas de las cualidades del cuerpo de Jesús resucitado, capaz de atravesar objetos opacos e infranqueables. También el nuestro después de la resurrección gozará de idénticas cualidades (véase primera Corintios 15,44).
El "paz a vosotros" (shalom) era y es la fórmula habitual de saludo y despedida entre los judíos. El término tiene, no obstante, un significado más profundo como expresión de la armonía y comunión con Dios; llegó a significar "salvación" y hasta el don por excelencia de Jesús, que es "nuestra paz" (Efesios 2,14).
¿Cómo explicar lo de "las manos y el costado" en un cuerpo que, aún siendo el mismo, resucita "cuerpo espiritual" y no ya "natural", como afirma san Pablo? Simplemente se trata de expresar de modo gráfico y contundente que es el mismo Jesús de Nazaret con el que han convivido familiarmente, el Cristo histórico de carne y hueso, que ha surgido del sepulcro con una nueva vida, impasible, inmortal, glorioso.
Hoy es Pentecostés, la celebración de la venida del Espíritu Santo. Y la razón de la elección de este texto está en lo que sigue: en el "recibid el Espíritu Santo". Jesús confiere a los discípulos y a la Iglesia la misión a él confiada por el Padre, la de perpetuar la salvación que es él mismo, muerto y resucitado. Y para ello les da el Espíritu Santo, en este caso concreto con el fin de poder perdonar o retener los pecados.