El título del relato podía ser: Vocación de Mateo, y así aparece en algunas versiones y comentarios del Evangelio. Es, en todo caso, también "un relato de controversia" que acaba con una sentencia, dentro del llamado que Jesús hace al futuro apóstol y evangelista.
Mateo es un recaudador de impuestos. Y hay que decir que a los que cobran esas contribuciones se los vincula a una clase típica de personas moralmente mal vistas y reprobadas, equiparadas a los "pecadores", como en el caso del relato que comentamos.
Los encargados de la recolección de los impuestos romanos adquirían el derecho por licitación, y procedían de modo despótico y cruel. En consecuencia, se les miraba como opresores del pueblo y traidores lo mismo por colaborar con el poder imperial del invasor. Y, bien, Mateo es uno de ellos.
Lo principal del relato es su vocación, dentro de la controversia que se suscita y las afirmaciones de Jesús con respecto a los pecadores.
Como los primeros llamados al seguimiento de Jesús, pescadores del mar de Galilea, y más aún, Mateo responde al momento y, sin más, deja su puesto de recaudador y se va tras Jesús.
El nuevo convertido lo invita a su casa, como signo de hospitalidad y para despedirse de sus amigos, los "publicanos y pecadores", es decir, los recaudadores de impuestos como él, y los "pecadores", o sea, judíos no observantes.
Los fariseos se encandalizan de que Jesús se siente a la mesa con publicanos y pecadores. Y es que el judaismo farisáico mantenía con estricta severidad el principio de no tratar con gentiles y judíos que no observaran la Ley. Y menos compartir la comida. Ambos eran los proscritos de la comunidad y ningún rabino consentiría en juntarse con ellos.
"¿Por qué su maestro come con publicanos y pecadores?" Aquí la sorpresa es también hostilidad contra Jesús, quien se enfrenta abierta y decididamente a la actitud pretenciosa de los fariseos a los que responde con una sentencia, en forma proverbial, contundente: "No tienen necesidad del médico los sanos, sino los enfermos".
Jesús, al mismo tiempo que reafirma su misión de buscar y salvar a los pecadores, ataca la justicia autosuficiente de los fariseos que se creen los buenos y santos. Y les enseña que el respeto y el amor al ser humano hay que ponerlos por encima del culto y de toda forma externa de vida.
Y, claro, los que no se reconocen "enfermos", como los fariseos, no llaman al médico ni lo reciben. Imposible el que se curen. A propósito, se ha escrito muy certeramente que "nadie puede acercarse a Jesús, a menos que se confiese pecador".
Mateo trae la narración de estos hechos inmediatamente después de haber contado la sanación del paralítico (ver Mateo 9, 1-8). La fe que obtiene el milagro de volver a andar exige el arrepentimiento. Los que se creen justos no pueden ser sanados del mal de sus pecados. Los publicanos y pecadores, como Mateo, sí. ¿Y usted?