En este trozo del evangelio que comentamos, Jesús se compadece de quienes son doblemente pobres: por su pobreza material y por la ignorancia de las cosas de Dios, por lo que son objeto de menosprecio por parte de sus conciudadanos.
A nadie se le oculta que tanto en aquel tiempo como en el nuestro hay que hacer, desde la fe, un gran esfuerzo para librar de ambos males a los que los padecen, muchas veces no por su culpa, sino por injusticia social.
De ahí la convocación de Jesús: "La mies es abundante pero los trabajadores son pocos...". Y no solo habrá que rogar "al Señor que mande trabajadores a su mies", sino que cada uno de nosotros se ha de empeñar, desde su propia trinchera, por promocionar a las víctimas de la pobreza y la ignorancia, males que con frecuencia van de la mano, dentro de un círculo vicioso fatal, muy pernicioso.
Antiguamente se atribuían las enfermedades y dolencias a los malos espíritus; hoy sabemos que el origen es múltiple, y hay que luchar contra esos males desde diferentes frentes, sin desestimar la eventual intervención milagrosa de Dios, cuyo poder fue especialmente manifiesto en los primeros tiempos de la Iglesia. En todo caso, jamás se ha de echar al olvido aquello de "a Dios rogando y con el mazo dando" y el "ayúdate, que Dios te ayudará".
Vienen a continuación los nombres de los doce discípulos, encabezados por el "primero", Simón, llamado Pedro.
Usted puede notar, además de esta singularización de Simón Pedro, que los apóstoles son nombrados por parejas. ¿No aludirá esto a lo que consigna San Marcos 6, 7, el envío de estos de dos en dos? De hecho, los discípulos son elegidos (el número 12 simboliza elección) para ser enviados a anunciar la buena nueva de la salvación. Apóstol significa enviado.
"A estos doce los envió Jesús...". Primero fue el discipulado, el aprender directamente del Maestro, de su vida, de su palabra; después el envío. Igual entre nosotros: primero es el ser debidamente preparado para una misión; después el ejercerla con las debidas garantías de solvencia y eficacia. No se da lo que no se tiene. Sobre todo si se trata de la promoción de los laicos, tan necesaria.
A continuación lo que se llama "el discurso misional", que se extiende hasta el versículo 42 del capítulo 10. Son una serie de instrucciones que Jesús da a sus apóstoles para que cumplan del mejor modo posible con la misión de proclamar que "el Reino de los cielos está cerca".
Y lo primero que les ordena Jesús es que limiten su acción misionera "a las ovejas descarriadas de Israel". ¿Se nos quiere decir con esto que los gentiles, los no judíos, queden excluídos de la evangelización? No. Simplemente se constata que Jesús consume sus años de enseñanza y milagros entre los judíos, y sus apóstoles en un principio también. ¿Se esperaba su pronta y fácil adhesión al Evangelio para luego lanzarse a la conquista del mundo pagano? Puede ser.
De hecho no acaeció así, y a su tiempo los apóstoles se dedican al anuncio de la buena nueva de la salvación a todos judíos y gentiles sin distinción.
Y lo hacen con total desprendimiento. Jesús les dijo: “Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”.