Este domingo se celebra la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, fiesta conocida popularmente como Corpus Christi o más simplemente del Corpus. Después de la Eucaristía se suele hacer una procesión por algunas calles del barrio para honrar públicamente a Jesús Sacramentado, a quien se acompaña de altar en altar en medio de la alegría de los cantos, el vuelo de los pétalos de flores que las "jardineras" ofrecen al Señor y el humo perfumado de los incensarios.
Es una procesión muy llamativa; no obstante, lo principal es la participación en la Eucaristía que la precede y el recibir la comunión. De hecho, Jesús se quedó bajo los signos sacramentales del pan y vino para ofrecerse en sacrificio al Padre, y a nosotros como alimento espiritual.
El evangelio es de San Marcos e incluye, de modo muy escueto, la preparación y la celebración de la cena pascual de Jesús con sus discípulos antes de morir.
Pascua quiere decir "paso", y era la más importante de las tres fiestas que todo varón judío estaba obligado a guardar a partir de los doce años (cf Exodo 23,14-17); empezaba en Jerusalén a la puesta del sol con la degollación de los corderos en el templo, y se hacía para celebrar el paso del poder de Yavé que, por medio de Moisés, liberó a su pueblo de la esclavitud de los egipcios.
Jesús, nuevo cordero pascual, inaugura la celebración de una nueva Pascua, la definitiva, para conmemorar y darle gracias a Dios por nuestra liberación del poder del mal, del pecado y de la muerte por el "paso" en él de la pasión y muerte a la resurrección y a la ascención.
La expresión "comer la Pascua" equivale a comer el cordero pascual o celebrar "la cena de Pascua". La Pascua se celebraba dentro de lo que era la ciudad de Jerusalén, previo el que el cordero fuese sacrificado en el templo.
La cena era compartida por un número suficiente como para consumir un cordero de una año, sin defecto (cf Exodo12,4). Es probable que además de los Doce hubiese otras personas; entre ellas la Virgen María ¡Toda una comunidad celebrante!
Lo de los "divanes" parecería un dato sin importancia. No obstante, la tiene: el comer el cordero, no ya de pie, sino reclinados era un signo de que Israel era libre de toda sumisión. La Pascua era una fiesta de liberación.
La parte central del evangelio de hoy está en lo que la tradición católica interpreta como la conversión del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre. Los dos términos cuerpo y sangre en el lenguaje semita designan a la persona entera. Es todo Jesús, su cuerpo, sangre, alma y divinidad, quien está real y verdaderamente presente bajo los signos sacramentales del pan y vino. Y lo está principalmente para que lo comamos y bebamos: "tomad y comed... tomad y bebed". Y al comer su Cuerpo y beber su Sangre participamos de su Pascua: nos sentimos liberados por la pasión y muerte de Jesús y con la esperanza de vernos del todo libres y felices en esa "tierra prometida", que es el cielo.
Mi amigo, mi amiga, bueno es participar en la tradicional procesión de este día, pero es mejor aún el participar de la Eucaristía y comulgar en ella.