En el breve evangelio de este domingo, al menos en seis ocasiones, se halla el término carne, referido a Cristo que se ofrece en comida; y la palabra sangre, igualmente referida a Cristo, se repite cuatro veces, en el sentido de que se da como bebida. Hablando en un plan más general de alimento para la vida, Jesús insiste, como en todo este capítulo 6 de San Juan, que él es el pan vivo que ha bajado del cielo y que quien lo coma vivirá para simpre.
Todo arranca de la multiplicación de los panes y peces. Jesús, que ha saciado materialmente a toda una multitud, explica ahora que les va a alimentar espiritualmente; y no solo por su palabra para que crean y tengan vida por la fe en él, sino mediante su cuerpo y sangre, servidos en la mesa de la eucaristía. Todo ello se va a cumplir admirablemente a partir de la celebración de la última cena, en lo que ahora es su actualización bajo los signos sacramentales del pan y el vino.
"Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". Relacionando la eucaristía con la muerte redentora de Cristo, San Pablo escribe en su primera carta a los Corintios: "Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: "Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío" (11, 23-24). Cristo, pues, que se nos da como sacrificio redentor y como alimento. Eso cabalmente es la eucaristía: Cristo que se ofrece al Padre por nuestra salvación y que se nos da en comunión de vida.
Los entendidos notan que Juan pone en labios de Jesús el término carne, mientras que Pablo y los sinópticos incluyen, refiriéndose a lo mismo, la palabra cuerpo. Lo mismos entendidos explican que carne, con el sentido de cuerpo vivo, es un vocablo más primitivo, y que cuerpo representa una cierta evolución en el uso del lenguaje. Añaden que la oposición que se establece, más que nada por parte de Juan, entre carne y espíritu, indujo a un empleo más generalizado de cuerpo. En el fondo, las dos palabras (carne y cuerpo) expresan la realidad de Cristo, todo entero, vivo y verdadero, bajo el signo del pan. El "Señor mío y Dios mío" que antes se proclamaba en voz alta en el momento de mostrar al pueblo el pan consagrado.
Como era de esperar, los judíos no entienden la reiterada afirmación de Jesús: que su carne será comida y su sangre bebida. Obviamente, que no es algo como para tomarlo en un sentido material, pero tampoco algo meramente figurativo y simbólico.
¿Cómo hay que entenderlo, pues? Como lo quiso dar a entender Jesús, como lo que enseña la Iglesia desde el principio: que en la comunión del cuerpo y sangre de Cristo se recibe en alimento a todo Cristo, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.
Oh, sí, el amor es capaz de esos extemos...
Y eso es lo esencial. Lo demás son explicaciones marginales, meras glosas.