Jolo . Rebeldes musulmanes que mantienen a un grupo de rehenes en las Filipinas liberaron el lunes a una mujer alemana enferma, a quien habían mantenido cautiva durante 12 semanas en la jungla del sur de Filipinas, aunque tienen aún a varios rehenes en su poder.
Con lágrimas en los ojos, Renate Wallert, de 56 años, saludó a algunos periodistas y subió a un helicóptero en Jolo poco después de ser entregada por los rebeldes al negociador jefe con los secuestradores, Roberto Aventajado.
Vestida con una camiseta verde y un pantalón de pijama, se apoyaba de vez en cuando en Aventajado mientras caminaba, pero parecía estar saludable.
Wallert iba a ser conducida a la ciudad de Zamboanga, 150 kilómetros al noreste, desde donde embarcará en un avión especial para viajar a Manila.
La mujer alemana, su marido Werner, su hijo Marc y otras 18 personas, la mayoría extranjeros, fueron secuestrados de un centro turístico de Malasia el domingo de Resurrección, el pasado 23 de abril, y conducidos por barca a Jolo, una isla de Filipinas en cuyas montañas se esconden los rebeldes.
Los rebeldes, que dejaron antes en libertad a dos malasios, mantienen retenidos, junto con los otros dos miembros de la familia Wallert, a otros siete malasios, dos franceses, dos finlandeses, dos sudafricanos, dos filipinos y una libanesa.
En las últimas semanas, los rebeldes capturaron a un periodista alemán y a tres miembros de una cadena francesa de televisión. Los periodistas informaban del caso de los rehenes.
Los musulmanes tienen también como rehenes a 13 evangelistas filipinos que fueron al campamento rebelde para rezar por los rehenes.
Wallert había sufrido hipertensión y dolores en el pecho, dijeron los médicos que acudieron a su liberación.
Los rebeldes exigen un millón de dólares por cada uno de los secuestrados, pero el gobierno de Filipinas ha dicho que no pagará.
Los musulmanes rebeldes de Abu Sayyaf han estado luchando para conseguir un estado musulmán independiente en el sur de un país mayoritariamente católico.
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, La Nación Digital. Fuente: agencias.