La biografía sobre el fallecido cantante estadounidense de rap Tupac Shakur revela una personalidad paradójica, ya que ese músico y actor de duras palabras también era un joven de fina ironía y sensibilidad.
Cuando se le preguntó cuál era su principal defecto, unas semanas antes de su muerte, acaecida el 13 de setiembre de 1996, siete días después de que atacantes desconocidos le efectuaran varios tiros de armas de fuego, Shakur respondió con su habitual brusquedad: "Mi gran boca".
La nueva biografía del crítico de música Armond White, Rebel for the Hell of It (Rebelde porque sí), revela la importancia que tenía el lado sensible del rapero conocido en inglés como 2pac.
White señala que, incluso cuando Shakur era un niño en Brooklyn, Nueva York, ya había expresado con seguridad sus aspiraciones al reverendo Herbert Daughtry: "Quiero ser un revolucionario".
Hijo de Afeni Shakur, exintegrante de la organización Panteras Negras, que promovía la toma del poder por la comunidad negra en Estados Unidos, Tupac se crió en un ambiente de respeto hacia el nacionalismo negro y la forma de vida comunitaria.
A la vez, Shakur quedó impresionado por su agudo conocimiento del aislamiento y la fragilidad de la existencia de la pequeña clase media negra, sostiene White.
Negro aislado
Pero Rebel for the Hell of It vincula los frecuentes sentimientos de aislamiento que Shakur sentía como joven negro de clase media, y su conciencia sobre el abandono al que se enfrenta la mayoría de los afroestadounidenses, a la mezcla de ira y sensibilidad que invade sus mejores trabajos.
"No hay gente negra que sea tan rica como yo", expresó Shakur en una entrevista después de convertirse en quien quizá fuera el rapero-actor más popular de su generación.
Shakur se sentía molesto por residir en la comunidad blanca de Sherman Oaks, California, pero también sabía que, luego de que el rap le había dado más dinero que a la gran mayoría de afroestadounidenses, ya no podría vivir en paz en los barrios negros en que se había criado.
Ese dilema, implica White, ayudó a explicar la popularidad de Tupac como el más vulnerable de los raperos, el tipo de persona que tenía un tatuaje en el pecho con la leyenda Vida de matón, pero que en la canción Keep Ya Head Up (Mantén tu Cabeza en Alto), decía: Me pregunto... ¿por qué violamos a nuestras mujeres:/ odiamos a nuestras mujeres?
También era el tipo de rapero que, después de un año en que fue procesado por ataque sexual y sobrevivió a un tiroteo, produjo una dulce balada de rap, Dear Mama (Querida mamá), que rendía homenaje a Afeni Shakur.
Doble identidad
La fuerza del libro de White radica en que mantiene la objetividad sobre los verdaderos méritos artísticos de Shakur.
Durante su breve carrera, Tupac inspiró dos reacciones básicas. Odio entre los críticos, en su mayoría blancos, que los menospreciaron por su violencia y nihilismo, y la admiración acrítica de sus seguidores que creían que describía la realidad del gueto.
Sin embargo, Shakur fue a menudo un rapero mediocre, argumenta White, y su carisma como actor apenas se exploró en películas como Poetic Justice, de 1992, y la reciente Gridlock'd, poco antes de su muerte.
Era capaz de producir los lugares comunes más tontos del rap, como las canciones de matones de gran parte de su último álbum, All Eyez on Me, así como de crear obras perspicaces, como Keep Ya Head Up.
En parte, el libro de White retrata a un joven con frecuencia confundido, enamorado de las identidades dobles.
Incluso el nombre 2pac revela su afición por la dualidad, como lo hace la adopción, en su álbum póstumo, del seudónimo Makaveli, que refleja su inclinación por la cínica filosofía política del pensador italiano Nicolás Maquiavelo.
Lo más extraño de Tupac Shakur, que surge con claridad en Rebel for the Hell of It, es que, aparte de su música y sus películas, la obra más atractiva que produjo fue la presentación de su propia identidad en conflicto, la cual, como las de Marilyn Monroe y James Dean, parece más grande después de su muerte.