Humanos, con un hermoso cuerpo y cinco sentidos que apuntan hacia fuera, es fácil que perdamos de vista quiénes somos en realidad.
Mirando una computadora –el instrumento más avanzado que tenemos, hecho a imagen y semejanza de características nuestras– podemos tomar conciencia de que la máquina o hardware , es el cuerpo, totalmente al servicio de lo que no se ve, y los programas operativos o software , son equivalentes a nuestra mente, incluida la memoria y sus asientos físicos.
Lo que la computadora no incluye son programadores, analistas y digitadores, que en nosotros sí están contemplados de fábrica en las altas funciones del pensamiento tales como la conciencia, razón y voluntad, que se suman a otras que van más allá, como son la intuición, visualización, imaginación y deseo.
El problema es que los médicos, centrados en el cuerpo, contemplamos el binomio salud/enfermedad como inmerso solo en el mundo de las cosas: órganos, microbios, aparatos y medicamentos, y con frecuencia olvidamos que tras bambalinas están otros actores que magistralmente clasificó Abraham Maslow: dogmas, valores, prejuicios, afectos, seguridad, hábitos, anhelos, éxitos y fracasos. Esto en conjunto y más, es lo que somos.
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