Cóleras por dentro, esto es lo que le sucede a Dave Buznik en la película Locos de ira (2003), desde niño, cuando iba a dar el primer beso de su vida y otro chiquillo le bajó los pantalones frente al vecindario y todos se rieron porque la tenía muy pequeña (consabida parte).
Desde ese día, Dave aprendió a soportarlo todo, cualquier humillación o cualquier insulto parecían resbalarle; pero no era tan cierto, porque la procesión iba por dentro con un enojo acumulado. Tanto así, tanto, que no podía darle besos en público a su novia Linda (tan bella como su nombre: reto para la imaginación ajena).
La suerte de Dave cambiaría de la manera más extraña en un avión, al agredir a una aeromoza. Por esto, fue condenado a llevar terapia para el manejo de la ira, nada menos que con el doctor Buddy Rydell, tipo excéntrico, maniático, impulsivo, capaz de hacer insoportable la vida de Dave y capaz de conquistar a Linda, con toda su hermosura incluida, para celos y enojos del cabreado Dave.
Lo que sucede hasta aquí y lo que acontece después sirven para demostrar que los berrinches también llevan a la risa (la de los demás, por supuesto). O sea: el que se enoja, no solo pierde, sino que divierte a los otros. ¡Claro!, también divierte a los espectadores de esta cinta que se narra sin enfado, para alegrar al público y para no enfurruñar a los críticos.
Locos de ira está dirigida por un realizador experimentado en comedias menores: Peter Segal, quien cumple bien con un guión del debutante David Dorfman. Eso sí: donde el filme destaca es en los guiños alborotados de su equipo histriónico: Jack Nicholson (como Buddy), en actuación que revienta risas a pura mostaza; Adam Sandler (como Dave), en sorprendente buen trabajo como víctima de la ira; y Marisa Tomei (como Linda), tranquilizante ideal para el furor.
También hay un atractivo equipo de actores secundarios, con pequeños momentos: Luis Guzmán y John Turturro con sus cóleras a todo reventar; Woody Harrelson, como un travestido engorroso; el tenista John McEnroe; la actriz Heather Graham y el exalcalde de Nueva York: Rudy Giuliani; amén de un montón de extras clonadas por computadora en un pacificador juego de beisbol en el Yankee Stadium.
La moraleja de la cinta es que la cólera puede ser mala consejera y una barrera para el amor, aunque se supo que -durante la filmación- hubo momentos agresivos entre Sandler y Nicholson, porque este detenía el rodaje para irse a los partidos de baloncesto de Los Ángeles Lakers. En todo caso, los demonios de la ira aflojaron ante el éxito de taquilla que ha sido esta película.