En una vida tan competitiva como la que nos dictó el siglo XX, y en la cual seguimos acelerando en la nueva centuria, muchos de los aspectos de la convivencia humana se han tornado una carrera de caballos.
En los piques se mide quién tiene el auto más veloz y el motor más ruidoso; en los barrios residenciales, cuál casa tiene la fachada más lujosa; en la oficina, quién cuenta con los mejores favores del jefe; en la carretera, quién llega primero al semáforo. Tendemos a ordenar ciertos aspectos de la vida cotidiana en una jerarquía que lo valoriza todo bajo estándares antojadizos y poco claros.
La tele no se escapa de esta influencia de clasificación y medición, y de hecho, la hace más evidente. Con tal de mantenernos pegados lo más posible a la caja de las imágenes, varios canales por cable han invertido en las ya muy comunes producciones que se encargan de hacer "rankings". Estas no solamente nos muestran, sino que además nos hacen un ordenamiento desde los temas más sublimes hasta los más superficiales.
En esta línea, ahora hay realizaciones que se encargan de fabricar un recuento de los 100 momentos más impactantes del espectáculo, las diez profesiones más peligrosas, los treinta romances más picantes de todos los tiempos, las obras arquitectónicas más influyentes del siglo XX, y los solteros más codiciados del 2004.
Entre las producciones de este tipo se encuentran Los 10 más... (transmitido por People & Arts), el A&E Top Ten (A&E Mundo) y Rank (E! Entertainment Television).
Paridos todos bajo igual formato, cada programa usa el mismo esquema de presentar pequeños cortos que describen al ocupante de cada puesto (ya sea para la categoría de la montaña rusa más grande del mundo, o para la de la estafa más famosa de la historia), siempre bajo el entendido de que cada segmento sucesor será más impactante que su antecedente. Finalmente, el "show" nos lleva hasta el clímax, hasta el develamiento de lo "más más" y de lo "mero mero".
Pero a todo esto, yo me pregunto: ¿Bajo qué criterios podemos saber que el Taj Majal es más magnificente que la pirámide de Giza, si Ghandi fue más influyente que Abraham Lincoln? O aún más importante: ¿si J-Lo es más codiciable que Britney Spears?
Eso es tarea pendiente.