La horrorizaba, pero ya habia tomado el impulso. Desde aquí, la onda expansiva de la noche huye con todos hacia la madrugada. Al fin.
María José, de veinte años, se encamina con unas amigas al show de maripepinos que cada cuatro semanas se anuncia discretamente en el períodico. Es Sábado y apenas dan las 2 p.m.
El establecimiento se abre cerca de la calle 10, en San José, en una zona de edificios viejos y desteñidos, gente tumultuosa y vendedores ambulantes. Se llama Puro Platino y es un night club: María José y sus acompañantes lo saben&...; La verdad, eso es lo de menos.
Pronto las enfrenta la primera interrogante: ¿cómo entrar sin que nadie las vea? No hubo problema: la salvada es que el ingreso al local es por un parqueo muy discreto.
Animarse a entrar
De inmediato, el vistazo de reconocimiento: luces de neón, sillones acolchados, mesas limpias, piso alfombrado y poca luz, hacen el contraste con el triste ambiente de esa zona josefina. "¡Ufff!": María José suspira aliviada al hallar, ya acomodadas, otras cómplices. Pero lo que más llama su atención es ver a una que otra señora "entrada en años" buscar un lugar estratégico: cerca de la pasarela.
A las 2:30 p. m., la atención de las casi treinta mujeres se posan en el escenario: un hombre de pequeña estatura y piel blanca se abre campo por una cortina azul. Las miradas lo apuntan sin piedad: lleva botas tipo "burro", boxers ajustados y saco azul.
Los protagonistas
La música se ondula en el cuerpo del debutante. Las manos de María José sudan frío. Ella ve al bailarín con pena, y vuelve la cara para ser testigo de la reacción de sus amigas; algunas de ellas, tranquilas, le aseguran que "lo bueno está por venir".
El sitio tiene dos pisos. En el primero se ve el escenario, cubierto por una cortina azul brillante. También está el bar, hay mesas alrededor de la tarima y una regadera junto a la barra que funciona para los shows de la noche. En la segunda planta las curiosas visitantes encuentran tres sillones en forma de herradura. "Dicen que es para los table dances (bailes de mesa): uno les paga y los chavalos le bailan solo a una", aclara una de las acompañantes.
Quince hombres integran el menú masculino; de estos, doce están "bastante saludables", y de ellos, siete no podrían estar mejor&...;
El show es muy sencillo: cada muchacho desfila por la pasarela y se contonea como serpiente durante dos canciones al tiempo que va quitándose las vestiduras hasta quedar en un escueto "hilo dental".
Aun así, cada maripepino regala mucho de su propia creatividad. Los muchachos cuidan detalles de su vestuario, por ejemplo: El Ilegal sale con overall y boina, El Escorpión lleva un atuendo de motociclista, y El Gladiador usa trajes "romanos".
Todos son llamados por sus "nombres artísticos". Algunos, como El Cóndor, se han vuelto tan famosos, que basta con que se anuncien sus nombres para que se alborote el público.
Sobre la tarima, cada uno se comporta según su experiencia. Algunos, como El Gladiador, El Gitano y El Cóndor, parecen más profesionales, quizá porque también ofrecen sus servicios como maripepinos en fiestas privadas. Por ejemplo: el último de ellos sorprende a sus admiradoras cuando vuela hacia atrás y da un giro completo en el aire.
Permitido tocar
Conforme las horas avanzan, la relación entre el bailarín y las que observan se va calentando -y que lo diga María José-. Ella, que se escandalizó cuando otras tocaban las piernas de esos muchachos que ni conocen, se atrevió a mirar de arriba abajo a uno de los hombres semidesnudos.
Pero eso no es todo: sus amigas casi se mueren de la risa cuando un maripepino se lanzó de la pasarela y le cayó al puro frente, a una distancia tal, que hasta pudo sentirle la respiración y oler la esencia del aceite con que cubren sus cuerpos. Lo mejor de todo es que, aunque prometió no dejar que ninguno se le "pegara" mucho, puso cara de haber disfrutado a granel ese momento. Ya después se liberó: dejó que se le sentaran en los regazos y hasta ayudó a otros a quitarse la ropa&...;
Pero no todos los bailarines acostumbran acercarse tanto: los más "bichos" -los de más experiencia- inmediatamente después de que realizan su presentación y se van adentro. Aquellas clientas que quieran tenerlos cerca, deben contratar un baile personal que les costará ¢3.300. Esa tarde, cuatro lo pagaron; a cambio tuvieron a su galán quitándose la ropa, mientras las otras&...; miraban envidiosas.
María José había pasado por una transformación "liberadora" durante las cinco horas del show, pero sin llegar a los extremos. Otras, mucho más atrevidas, se animan a subir al escenario, bailar con los ellos y tocarlos en sus zonas íntimas&...; Cada cual disfruta del espectáculo como mejor puede, pero de lo que todas están convencidas es de que pasan una tarde inolvidable viendo hombres perder la ropa.
Qué: Show para damas.
Cuándo: Un sábado al mes.
Próxima fecha: 15 de agosto.
Horario: De 2 a 7 p. m.
Dónde: Puro Platino, 450 metros al oeste de la Farmacia Fischel, en San José.
Parqueo: Gratuito, con capacidad para 50 carros.
Entrada: ¢1.000.
Precios: No hay consumo mínimo. La gaseosa y la cerveza cuestan ¢1.200, con impuestos incluidos.
De 2 a 3 p. m. hay 2x1.
Teléfono: 256-9989.