Un afligido lector nos contacta tras recibir las más severa crítica de su hijo adolescente: “Papá, este MP3 suena a basura, ¡cómo se te ocurre pasarme un archivo con un bitrate de 128!”. Todo lo que el hombre quería era sorprender al muchacho “ripéandole” su colección de discos de
Primero, lo primero: un MP3 es un archivo de audio digital que ofrece una calidad de sonido muy similar a la del típico disco compacto “ocupando” mucho menos espacio. Veamos, la información digital típica de un CD requiere de unos 10 megabytes (de espacio) por minuto (de audio). Esto quiere decir que una sola canción de tres minutos y medio podría pesar 35 megabytes... tomando en cuenta que un MP3 es capaz de comprimir hasta 10 veces el tamaño de ese archivo sin sacrificar su “calidad sonora” queda más que claro por qué el formato que popularizó Napster causó locura en los 90. El proceso de conversión básicamente “depura” el archivo eliminando porciones de la señal que normalmente se consideran inaudibles: la mayoría de los mortales ni nos damos cuenta... siempre y cuando el “bitrate” sea aceptable.
Verá usted, el “bitrate” es una medida que determina la cantidad de bits (datos) que se transmiten por unidad de tiempo dada. Digamos pues, en castellano promedio: la velocidad con la que se transmite la información que nos interesa. Normalmente se representa en kbit/s, es decir, cuántos paquetes de 1000 bits son transmitidos por segundo mientras utilizamos el archivo. En condiciones normales: a más velocidad, mayor calidad. Si bien varios años atrás un MP3 de 128 kbit/s era considerado de calidad más que “digna” (en los noventa se intercambiaban archivos de hasta 32 kbit/s... ¡y sonaban terrible!) lo cierto es que hoy día el estándar ronda los 192 kbit/s. ¡De ahí el enfado de su hijo don Melvin!
Se lo pongo así, mientras más alto sea el numerito mágico más cerca estará el archivo de la calidad de la fuente original (en nuestro caso el CD). Naturalmente esto también significa que el archivo será más pesado. Así, un dispositivo portátil de 2GB podría “cargar” unas 950 canciones en 128 kbit/s (ese “mínimo aceptable” al oído) pero solo unas 500 en 192 kbit/s (que sin duda sonarán mucho, mucho mejor). Si me lo pregunta a mí, el ideal está en 256 kbit/s, calidad más que óptima para el escucha más exigente y muy cercana al “WAV” original (formato típico del audio sin compresión). A esas “alturas” podrá saborear hasta la calidez de los instrumentos acústicos y retumbar con todo el espectro sonoro de los eléctricos.
Tome en cuenta: cada persona tiene un oído diferente. Algunos no perciben diferencia entre 128 kbps y 192 kbps mientras otros no soportan la sola idea del MP3, por más alto que sea su bitrate. Además, recuerde que si usted comprime el audio de un CD a un MP3 ya no podrá “dar marcha atrás”: no es posible pasar de 128 kbps a 226 kbps, tendrá que “ripear” el CD de nuevo para alcanzar tal compresión. Ah sí, ¿qué es FLAC y porqué el iPod no lo reproduce? FLAC es quizá el formato de compresión de audio sin pérdida más popular que existe (a diferencia del MP3 no sacrifica “calidad sonora”). Los audiófilos (esas gentes obsesionadas con la pureza del audio) son grandes fanáticos de este tipo de comprensión pero Apple no, razón por la cual usa su propio formato (el M4A) e impide a sus dispositivos la lectura de la “competencia”. Una de tantas tonteras que uno no se explica. ¡Hasta la próxima!