La venida de fantasmas en tropel o de muertos vivientes en pandillas, de zombis por montones o de mutantes en hordas: nada de eso es novedoso en el cine. Por eso, lo medio nuevo que podemos ver en la película Mensajes del más allá ( Pulse, 2006), dirigida por el efectista Jim Sonzero, es el asunto de la vía escogida por lo muertos para volver a nosotros.
En realidad, el filme Mensajes del más allá es refrito de una cinta japonesa titulada Kairo (2001, de Kiyoshi Kurosawa), cuando unos adolescentes descubren que la tecnología actual abre portales a otro mundo, el de los muertos, quienes hacen ejercicio pleno de la abducción con los vivos.
Mensajes del más allá solo pretende jugar con temores hechiceros alrededor de la tal revolución tecnológica de nuestros días, sin preocupaciones éticas ni filosóficas. El guion solo retoza con el miedo al prender una computadora o al usar un celular. Ave que vuela, a la cazuela: prenda la compu y tendrá muertos vivientes en su casa.
Aceptémoslo: el guion es lo más chirriante del refrito, pese a que entre los coguionistas tenemos a Wes Craven, conocido por ser tan metiche con el cine de terror: sea como director, productor, guionista, lo que lo pongan a hacer o él quiera mandar.
Si en algo falla este largometraje es en su estructura narrativa, porque no solo es poco sólida, no solo es poco coherente, no solo es poco lógica, no solo es poco consistente, no solo es poco dinámica, no solo es poco tensa, no solo es poco dramática, sino que también es bastante más de lo mismo.
Explicamos: tiene cuatro personajes, amigos que a veces los vemos juntos, pero que están separados cuando, a cada uno, le sucede lo que le pasó al novio de una de las chicas. Es como tener cuatro veces la misma película, y solo con uno de los figurantes (la novia del primer muerto) se desarrolla y concluye esta debilucha trama.
Con esa ineptitud guionística, más afán comercial que artístico, solo la ambientación escenográfica y la fotografía cargada de filtros grisáceos expresan bien la atmósfera apocalíptica que el director intenta darle al filme (con tonos de videoclip). El montaje también la pretende. Sin embargo, ya lo sabemos, “buey muerto vaca es”, no hay manera: el guion es la palada que hunde a la película.
En donde sí falla el realizador Jim Sonzero es con la dirección de actores, fatales estos, inexpresivos, pusilánimes con su arte. ¡Claro! Los actores deben intentar darle vida a un guion sin alma y ya sabemos que boticario sin botica, nada significa. Solo la joven actriz Kristen Bell destaca favorablemente, un pellizco así mejor que los demás. Estos “demás” no alcanzan ni para darle gusto a un caldo de pollo.
La pregunta de todos es si habrá una segunda parte de esta película. Solo pensarlo nos da terror, del sincero, del verdadero, del terror muy horroroso.