Un dolor intenso y repentino en la zona umbilical, seguido de náuseas y vómitos, podría ser señal de que la persona está sufriendo de apendicitis. Por eso, no pierda tiempo y busque ayuda médica lo antes posible para descartar que se trate de este mal, o bien para darle una solución oportuna.
El apéndice cecal o apéndice vehicular es una pequeña prolongación cilíndrica en forma de saco localizada en la porción inicial del intestino grueso. Según el libro Enciclopedia de la Madre y el Niño, de Océano, cuando se obstruye -ya sea por causa de una infección o por restos fecales (generalmente de origen vegetal, como lentejas o semillas), cuerpos extraños o parásitos-, esta parte del organismo se inflama y produce un intenso dolor.
Si el problema no es diagnosticado a tiempo, la apéndice puede perforarse y ello conduciría a una peritonitis (inflamación del tejido que envuelve el tubo digestivo), una complicación que podría ser muy grave e incluso provocar la muerte.
Por lo general, el paciente afectado por apendicitis presenta dolor abdominal continuo y difuso, que empieza alrededor del ombligo, pero luego esta incomodidad se extiende a la parte inferior derecha del abdomen. Además de los vómitos y las náuseas, el cuadro también se acompaña de pérdida de apetito y fiebre.
El tratamiento consiste en la extirpación del apéndice inflamado, una cirugía sencilla que en la mayoría de los casos no presenta ningún riesgo, siempre y cuando no se haya producido una perforación.
Mientras se lleva al paciente al centro médico, se recomienda mantenerlo en reposo, recostado boca arriba o de lado. No hay que suministrarle purgantes ni lavativas y sí se puede aplicar en la zona una bolsa de hielo envuelta en una toalla.