Bajo una intensa lluvia y el centelleo de los relámpagos, un grupo de manifestantes ha acampado entre los cráteres de las bombas en el campo de prácticas de la marina estadounidense para expresar su protesta y escuchar al cantante de salsa Willie Colón.
El desfile surrealista de celebridades, políticos, religiosos, atletas y pescadores que ocupa el campo de tiro subraya el problema político que enfrenta el presidente Bill Clinton: ¿desalojará a los manifestantes, tal como exigen los militares, a riesgo de enfrentar expresiones generalizadas de desobediencia civil en Puerto Rico?
Hoy, el Comité de Servicios Armados del Senado oirá un informe del secretario de la Armada, Richard Danzig, que desea reanudar las prácticas, y del gobernador de Puerto Rico, Pedro Roselló, que se opone a ellas enérgicamente.
Como pocas otras cuestiones, la campaña para desalojar a la armada de la isla de Vieques ha movilizado el nacionalismo puertorriqueño y ha atraído a los políticos de todas las facciones, aun aquellos, como Roselló, que propugnan por hacer de este territorio el estado número 51 de Estados Unidos.
Desafiando las reiteradas advertencias de la armada, los manifestantes han ocupado el campo de tiro desde que David Sanes Rodríguez, un guardia de seguridad civil, murió en un accidente con una bomba el 19 de abril.
Para muchos, fue la gota que desbordó el vaso en la campaña intermitente por desalojar la armada de Vieques, una isla de 32 kilómetros de largo habitada por 9.300 civiles. Las prácticas se interrumpieron después del accidente, y Clinton aguarda un informe del Pentágono sobre posibles alternativas antes de tomar una decisión.
La voz de Willie
La ocupación civil del lugar "es la expresión definitiva de un pueblo en estado de desesperación", dijo Colón. Tan desesperado, temen algunos, como para suponer que si Clinton no entrega el lugar a Puerto Rico, puedan suscitarse hechos generalizados de desobediencia civil y aun de violencia.
Los manifestantes han levantado cinco campamentos de carpas a lo largo de las playas del campo de tiro, situado a 16 kilómetros de la ciudad principal de la isla, Isabel II. El lugar está plagado de restos de bombas y balas de artillería, cráteres llenos de agua, metales herrumbrados, cortezas de árboles calcinadas, vestigios de los ejercicios militares que se llevan a cabo desde fines de la Segunda Guerra Mundial.
Durante la semana, algunos manifestantes mantienen allí su presencia. El número asciende a centenares los fines de semana, cuando familias y amistades vienen en botes trayendo alimentos y bebidas para celebrar y escuchar música.
La armada insiste que Vieques es vital para la seguridad nacional.
En una reunión el 13 de octubre con miembros hispanos del Congreso, Clinton "manifestó una preocupación real tanto por la perspectiva puertorriqueña como las cuestiones de preparación militar'", dijo una funcionaria de la oficina en Casa Blanca para asuntos con los hispanos, María Echaveste.
"Hemos solicitado su punto de vista, su asistencia, y reconocido que debe restablecerse cierta dignidad a la relación con los puertorriqueños'", concluyó Echaveste.