Queremos que nuestra gente proteja los humedales como a hijos preferidos de la tierra. Por eso, estamos proponiendo una “Misión humedales” que sirva para concientizar. Apreflofas
Drenar los humedales, destruir los arrecifes, contaminar los esteros, arrancar de raíz los mangles, tratar de eliminar los pantanos y las lagunas o bloquear para evitar bosques anegados, tirar basura sólida o contaminantes... Todo se hace a vista y paciencia de la gente. Aunque algunos protestamos enfáticamente, los dueños de las tierras o los vecinos y turistas muchas veces hacen caso omiso.
Uno tiene la ilusión de construir un hotel; el otro piensa “urbanizar”; el tercero porque los mangles de maravillosas flores amarillas y naranjas le parecen feos y retorcidos.
Los humedales, como los de Puerto Viejo y Manzanillo, se resisten a morir; están agonizando. Me gustaría que caminaran por Punta Uva o –cerca de Puerto Viejo, en Limón– para que vieran la devastación. La responsabilidad es del Minae, de los gobiernos locales, del gobierno central y de cada una de las personas.
Me sorprende que la gente diga que elimina los mangles porque tiñen de un refrescante color manzanilla las aguas. Me asusta que las poblaciones de cangrejos disminuyan a pasos de gigante.
Hablamos del agua, y los humedales la representan. Inundados de forma permanente o alterna, son un extraordinario puente entre lo terrestre y lo acuático, como ecosistema. Los humedales, según explica la Fundación Neotrópica, atenúan los efectos de las inundaciones sobre otras tierras y le dan estabilidad a las zonas costeras.
En Costa Rica, nos hemos preocupado por los que existen en las áreas silvestres protegidas –y aun así, en la práctica, los destruyen– pero esto es insuficiente. Diez de nuestros humedales están calificados de importancia internacional. Como país, suscribimos el Convenio Internacional sobre humedales (Ramsar); sin embargo, tenemos que tomar conciencia y pasar de las intenciones a los hechos concretos.