
El término nonato viene del latín non natus , y significa no nacido. Pues bien, el terror es lo único nonato en la película La profecía del no nacido ( The Unborn , 2009), dirigida por David S. Goyer, pese a que se anuncia como tal, como filme del género de terror.
La cinta, en su relato, no pasa de ser una acumulación efectista de sustos, tan predecibles que el público se ríe cuando están por llegar, o sea, se sienten de antemano.
Igual, el público se ríe nuevamente después del susto, a tal punto que se puede pensar –más bien– que estamos ante una comedia. Si fuera así, también sería una mala comedia. Como cine de horror es, simplemente, un largometraje pésimo en su relato, historia muy mal narrada, aunque con buenos efectos especiales.
Podríamos decir que se trata de una película horrorosamente risible o tontamente terrorífica, como quieran; es evidente el empeño del director David S. Goyer por hacer las cosas mal, ¡y lo logra!, incluso con descuido absoluto en la dirección de actores.
Uno se queda pensando, ¿qué diantres hace aquí un buen actor como Gary Oldman? Seguramente está raspando la olla por unos cuantos dólares más en época de crisis del capitalismo. Lo evidente es que se ve ridículo como un rabino practicando cierto exorcismo con el personaje de la fémina.
Por otra parte, todo el filme corre con ese personaje, encarnado por la actriz Odette Yustman, de quien uno no sabe si está posando o actuando: parece que ella se tomó el filme como una pasarela y, ante eso, la cámara es obsequiosa, sobre todo con sus glúteos y con sus ajustados calzones y cacheteros.
De alguna manera, el filme abre bien, con distintos indicios narrativos sobre los niños que no llegan a nacer y se quedan vagando como espíritus, porque no entran ni al famoso limbo. Son dybbuks .
Mas, enseguida, se carga y nos carga en el ánimo con el exceso de tales indicios y con explicar al dedillo toditico, hasta llegar al mentado exorcismo: el bodrio está listo.