Mónaco. El príncipe Alberto de Mónaco asumió hoy todos los poderes soberanos mediante la activación de la regencia, por la imposibilidad para su padre, Rainiero, de seguir ejerciendo sus funciones, dado su estado considerado como irreversible.
"Hoy, ante el impedimento de mi padre para ejercer sus altas funciones, asumiré en su nombre la plenitud de los poderes soberanos" y "me dedicaré a ello con fuerza, convicción y pasión", aseguró Alberto, de 47 años, en su primer mensaje como regente a sus compatriotas.
Se mostró convencido de que "en estas responsabilidades para nuestro país" puede "contar con cada una y cada uno de vosotros".
Con la medida anunciada hoy y aunque la regencia sea un régimen provisional, que se prolongará mientras Rainiero siga con vida, se termina con la situación de los últimos días en que Alberto se encargaba de los asuntos corrientes de facto, pero sin tener oficialmente en sus manos los plenos poderes, que ahora puede ejercer.
La decisión la tomó el Consejo de la Corona, un organismo de siete miembros nombrados por Rainiero, al que había recurrido el secretario de Estado, René Novella después de informar a Alberto.
Este Consejo de la Corona, que normalmente se limite a ofrecer sus consejos al soberano, y cuyos poderes en ese caso son consultivos, ha constatado "la imposibilidad para el príncipe Rainiero de ejercer sus altas funciones", informó el Palacio en un comunicado.
Rainiero, que está ingresado desde el pasado 7 de marzo en una clínica del Principado, lleva nueve días en la unidad de reanimación y, según las últimas informaciones comunicadas por los médicos, su pronóstico es extremadamente reservado, aunque su situación ha dejado de deteriorarse desde pasado el fin de semana.
En su mensaje a los monegascos, Alberto les agradeció, en su nombre y en el de sus hermanas, "los signos de apoyo" manifestados "en estos momentos particularmente difíciles" y señaló que el estado de su padre "sigue siendo muy frágil".
Fuentes próximas al Palacio justificaron a EFE la decisión de activar la regencia porque "la salud del príncipe no es buena" y "difícilmente se puede imaginar que salga del hospital y en plena forma (...) con sus capacidades físicas y mentales".
Esas mismas fuentes indicaron que con su nuevo estatuto Alberto podrá actuar en una serie de ámbitos que tenía vedados con la simple gestión de los asuntos corrientes, aunque no quisieron precisar si era la imposibilidad de seguir aplazando ciertas decisiones la que había desencadenado el proceso.
Conforme la fragilidad de la salud de Rainiero se había agudizado en los últimos años, Alberto había ido asumiendo algunas funciones, en particular para la representación de Mónaco en el exterior, como hizo con la entrada de su país en la ONU en 1993 o en el Consejo de Europa en octubre pasado.
El ahora príncipe regente, conocido por sus aficiones deportivas, se ha formado en derecho empresarial en Estados Unidos y Francia, y ha manifestado una particularidad sensibilidad por las cuestiones medioambientales.
Ha llevado la voz de su micro Estado mediterráneo, de apenas 200 hectáreas y 32.000 habitantes -de los cuales sólo una quinta parte con nacionalidad monegasca-, desde China hasta Latinoamérica, en sus numerosos viajes al extranjero en los últimos años.
Uno de sus principales defectos, a ojos de su padre, es su soltería, que además de generar rumores, condujo a un cambio de las reglas de sucesión en 2002 para que el trono no lo perdiera la familia Grimaldi, en caso de que Alberto muriera sin descendencia legítima.
Según varios expertos, si no se había recurrido hasta ahora a la regencia, era porque todos sabían el fuerte carácter de Rainiero, que además siempre había insistido en que no abdicaría.
En una de sus últimas entrevistas, publicada con motivo de su cincuentenario en el trono en 1999, lo había dejado muy claro remitiéndose a la Constitución.
"Está descartado abdicar. La sucesión sólo llega con la muerte del príncipe soberano o si se constata, en el plano médico, que es incapaz de reinar", dijo entonces.
