Gemma Casadevall
Dresde (Alemania), 1 abr (EFE)- La primera crecida del año del río Elba desbordó ya algunos diques en Dresde y otras poblaciones del Este de Alemania, donde fue necesario evacuar a cientos de personas, mientras se temen las consecuencias del deshielo tras un invierno especialmente duro en toda Centroeuropa.
Tres barrios de la denominada "Florencia del Elba", Dohlins, Laubegast y Zschieren están parcialmente anegados por las aguas, lo que obligó al desalojo de unas 400 personas, informó hoy el concejal de ordenamiento y seguridad de la capital sajona, Detlef Sittel.
En situación parecida se encuentran las poblaciones de Pirna y Bad Schandau, al sur de Dresde, en dirección a la frontera checa, y también Meissen, hacia el norte, donde se produjeron los primeros desbordamientos y las aguas inundaron parte del casco urbano.
Algunas casas han quedado cercadas y sólo son accesibles con botes de goma, los sótanos de las viviendas junto al río están inundados, sea porque cedieron las montañas de sacos de arena, sea porque se desbordaron las canalizaciones subterráneas, y los equipos de protección civil trabajan sin descanso para reforzar los diques.
La situación de catástrofe de 2002 no se ha reproducido, según el primer ministro de Sajonia, Georg Mildbrandt, y tanto Dresde como el resto de la cuenca alemana del Elba está mucho mejor preparada que entonces para hacer frente a las aguas.
El casco histórico, el conjunto barroco del Zwinger y la Semperoper están a salvo, afirmó Mildbrant desde el puente de August, de Dresde, recordando los daños sufridos por el patrimonio en 2002, en que fue necesario evacuar algunos museos de la ciudad.
Tampoco se estima que las aguas puedan alcanzar el récord histórico de entonces -9,4 metros, cuando lo habitual son dos metros-, ya que este sábado el nivel a mediodía estaba en los 7,35 metros y se calcula que no superará los ocho metros.
Tras la catástrofe de entonces se invirtieron 25 millones de euros en sistemas de alerta rápida para toda la cuenca del Elba, se reforzaron diques y ampliaron sus márgenes permeables, en otros zonas, para posibilitar una mayor absorción en caso de crecida.
Pero la persistente lluvia en la República Checa hace temer un rápido deshielo en las cordilleras centroeuropeas, advirtió el ministro de Medioambiente sajón, Stanislaw Tillich, lo que dificulta un pronóstico sobre las consecuencias y duración de la crecida.
"El nivel está subiendo más despacio de lo que calculamos, pero eso no significa precisamente que se pueda bajar la guardia", explicó a EFE Rüdiger Mielkar, portavoz de la policía de Dresde. Si en principio se calculó que el domingo se alcanzaría el nivel máximo, ahora se cree que esto no ocurrirá hasta el lunes.
Los pronósticos meteorológicos apuntan a que seguirá lloviendo todo el domingo y hasta principios de semana no sólo en esa parte de Alemania, sino también en la República Checa.
"Hemos tenido un invierno largo y duro, el mes de marzo fue el más frío en muchas regiones desde que se hacen estas mediciones y el lluvioso mes de abril traerá un rápido deshielo", advirtió Harald Bahr, jefe de los servicios de protección civil en Gohlins.
Mientras los tres puentes principales del casco antiguo de Dresde -August, Carola y Albert- se han poblado de turistas equipados con cámaras, el "Blaues Wunder" -"Maravilla azul", como se le conoce por su vistoso color-, en las afueras de la ciudad y en dirección a la frontera checa, está desde ayer cortado al tráfico.
Para algunos visitantes, la primera crecida del año es un "atractivo" más de la capital sajona. "Dicen que no se llegará al récord de tres años atrás", comentaba algo decepcionado un japonés.
Para la gente de la región, en cambio, los 7,3 metros de hoy o 7,6 que se espera alcance este domingo el Elba a su paso por Dresde es que suficiente tras los destrozos de 2002, que provocaron pérdidas estimadas en la región de 6.000 millones de euros.
"Un par de centímetros más y se echará a perder la caldera de la calefacción nueva de la planta baja. Luego vendrá el suelo de madera, luego los muebles", comentaba Adele Albrecht, una vecina de Pirna. EFE
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