Ante ciertas conjeturas que han circulado en torno a las razones que motivaron a la familia del ciclista y odontólogo Christopher Lang para firmar un arreglo conciliatorio con quien por conducir en estado de ebriedad le quitó la vida, me permito aclarar como amigo, familiar y abogado:
La vida de Christopher no tiene precio: el arreglo conciliatorio establecido en la ley no le pone precio a la vida humana: ella vale más que todo el oro. La familia de Christopher Lang no eligió estar en esta situación; su viuda, hijos, padres, hermanos y demás familiares, darían todo por retroceder el tiempo y de alguna forma evitar lo ocurrido. El dolor tomó dimensiones desconocidas, con tonalidades trágicas solo amortiguadas por dos imágenes: los dulces recuerdos de un hombre extraordinario, soñador, emprendedor, profesional, deportista, sobre todo, extraordinario hijo, esposo y padre; así como la mirada diaria de Noah y Sofía (sus hijos) que inspiran coraje y esperanza.
Acuerdo con la familia. Profundizar la tragedia de la familia Rivera no palía en nada la mayor tragedia de la familia Lang. El dinero no devuelve nada, pero sí constituye un apoyo a una madre que hoy debe velar por los gastos de su familia, ante la ausencia repentina de quien se hacía cargo de ellos. No trata de “ojo por ojo diente por diente”, sí de lograr una legislación que prevengan este tipo de desgracia, porque una vez ocurrida, es irreversible. La lucha es por evitar los accidentes y la seguiremos sosteniendo beligerantemente. La muerte de Christopher no fue en vano, constituyó el chispazo que encendió la convicción en miles de costarricenses sobre la incompatibilidad del alcohol y el volante, el objetivo se cumplió.
Los valores que inspiraron ese acuerdoson el amor, que mueve al perdón: los familiares de Christopher optaron por un camino distinto al odio y a la venganza. Esperamos que Carlos valore esta alternativa que la ley permite y la familia de Christopher, por todo lo dicho, estuvo dispuesta a otorgar.
Vigilia de la vergüenza. Mantendremos un reclamo perenne a aquellos legisladores que se colocaron al lado de los conductores ebrios que avasallan a diario la moderación y responsabilidad. Las tragedias como la sufrida por la familia de Christopher Lang se deben evitar antes de que ocurran, con leyes fuertes para disuadir a cualquiera de combinar el licor con el volante. Después, no hay nada en el mundo que pueda reparar la ausencia de un ser querido. Protestamos contra quienes, protegiendo los intereses de los productores y comercializadores del alcohol, promueven la cultura del guaro sin consideración del respeto a la vida.