Según datos de la Unesco, en Costa Rica el porcentaje de jóvenes matriculados en la universidad respecto a su grupo etario correspondiente es del 24%. Sumado a esto, solamente un 13% de la matrícula universitaria está en carreras relacionadas con las ciencias o las ingenierías. Esta situación representa una seria limitante para el desempeño de los diferentes sectores productivos del país, que restringe las posibilidades de crecimiento de las empresas de base tecnológica, así como la atracción de inversión extranjera directa en este sector.
Por otro lado, el número de investigadores en jornada de tiempo completo por cada 1.000 integrantes de la población económicamente activa (PEA) en Costa Rica es de 0,53 (16% con doctorado), mientras que, por ejemplo, en Corea del Sur es de 9,36 investigadores. Asimismo, el número de artículos científicos publicados durante el año 2008 según la base de datos SCOPUS fue de 440 para nuestro país en contraste con los 44.126 artículos de los coreanos (100 veces más). Esta escasez de investigadores y baja productividad explican el por qué la mejor universidad costarricense está ubicada en el puesto 575 del ranquin Webometrics de universidades del mundo.
Inversión en profesionales. De lo anteriormente expuesto, se hace evidente la necesidad de contar con un mayor número de científicos y tecnólogos del alto nivel en el país. Lo cual para algunos sectores es incluso más importante que disponer de financiamiento.
Aunque existen dificultades metodológicas para cuantificar el retorno de la inversión en profesionales con grado de doctorado, a continuación se mencionan algunos de los beneficios económicos y sociales derivados de invertir en la formación de estos perfiles:
k Los perfiles más calificados tienen mayor empleabilidad y mayores ingresos por salario, lo que contribuye al presupuesto nacional con una base tributaria más amplia.
k Estos perfiles tienen un mayor número de externalidades positivas, definidas como los beneficios que obtienen las personas a su alrededor, que incluyen la formación de otros profesionales, asesorías especializadas, dirección de tesis y publicación de artículos.
k La reincorporación de estos profesionales normalmente es acompañada por la modernización en las líneas de I+D (inversión + desarrollo) en las instituciones y empresas, que posteriormente se traducen en aumentos de la productividad y la innovación.
k La existencia de perfiles altos es importante para el desarrollo de las propias instituciones, debido tanto al uso de sus vínculos directos como a sus efectos secundarios en la conformación de redes. Hoy en día es usual que los directores de instituciones públicas y privadas tengan el grado de doctorado.
k La disponibilidad de recursos humanos altamente calificados en el país es un factor clave que se toma en cuenta para la atracción de inversión extranjera directa de mayor calidad, especialmente en sectores tecnológicos de punta. El personal con mayores destrezas confiere mayor flexibilidad a las instituciones y facilita la adaptación ante los cambios.
k En cuanto a los beneficios sociales, estos perfiles generalmente presentan mejores conductas, menos tasas de criminalidad y corrupción, mayor participación democrática y compromiso social, así como un gran respeto y tolerancia multicultural.
Retos para el mediano plazo. El nivel de rezago del sistema de educación superior costarricense respecto al de otros referentes internacionales, es inquietante en términos de cobertura, calidad y productividad. Esto necesariamente abre el tema del requerimiento de mayores recursos financieros para las universidades y para la formación de técnicos superiores.
Sin embargo, cualquier inversión nacional destinada con este fin debería estar acompañada por el compromiso de eficiencia y transparencia en la gestión, la demanda de los profesionales en número y calidad que estratégicamente se necesitan y la exigencia de mayor producción de conocimientos y tecnologías.
Con el fin de establecer metas específicas por desarrollar en el mediano plazo, podríamos empezar por proponernos como país duplicar el porcentaje de jóvenes matriculados en las universidades donde al menos un 25% sea en carreras científico-tecnológicas y duplicar la producción y atracción de doctorados en los sectores estratégicos.
Otros aspectos claves serán mejorar la calidad de los contenidos curriculares, promover la creatividad y el emprendimiento, incorporar el sector productivo dentro de los programas de formación y eliminar las asimetrías de información en la orientación vocacional.
Los resultados de contar en el país con recursos humanos altamente calificados así como una mayor inversión en I+D tendrán efectos seguros en cuanto al aumento de la competitividad y desarrollo socioeconómico del país.
Es urgente moverse en esta dirección cuanto antes.